martes, 29 de enero de 2013

ESCUELA DE VERANO






FOTOS: ALVAR HERRERA


Entre el 15 y 19 de enero de 2013 se llevó a efecto la IX Escuela de Verano Waldo Mendoza del Comunal Ñuñoa del PC de Chile. Junto con tratar los temas Política de Alianzas, Materialismo Dialéctico e Histórico y Normas Orgánicas del Partido, el martes 15 de enero se inaguró dicha Escuela con la presentación del libro Esbozo del surgimiento del capitalismo y de la clase obrera en Chile, en su primera parte: El modo de producción fundado en la propiedad de la tierra, obra de un grupo interdisciplinario de militantes comunistas, cuyo editor es Alejandro Del Río.

Esta presentación se hizo en una acto especial, convocado por la Comisión Comunal de Educación del PC de Ñuñoa y el Centro Cultural Cordillera, el que se realizó en el Auditorium de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, en el Campus Gómez Millas, donde asistieron cerca de 60 personas. El día miércoles se realizó un taller, donde se discutieron los principales tópicos de los contenidos del libro.
En el acto de lanzamiento, con la conducción de la psicóloga Erika Marambio, presentó el libro el economista Patricio González, quién destacó la metodología de esta obra y su importancia en cuanto a explicar el surgimiento de la clase obrera chilena en el modo de producción fundado en la propiedad de la tierra, para poder así examinar las clases en el modo capitalista de producción. En su alocución, González señaló: "Con una alta rigurosidad científica, acorde a la importancia del tema, y utilizando las categorías marxistas, al transcurrir las páginas y capítulos del libro, van siendo tratados diversos conceptos que caracterizan la economía chilena precapitalista: los términos renta de la tierra, dinero, patrimonio-dinero, capital, producción y circulación, valor, plusvalía, mercancía fuerza de trabajo y muchos otros, van dando cuenta de los diversos fenómenos y sus concatenaciones que van dando origen al surgimiento del proletariado en Chile.
Todo ello en correspondencia con la metamorfosis que va sufriendo la producción y que se manifiesta en la producción de valor de uso y valor de cambio y el surgimiento de la producción mercantil en nuestro país, las condiciones del origen del capital y el surgimiento de las condiciones de la reproducción ampliada del capital, todo lo cual lleva al nacimiento de la clase obrera en el transcurso del siglo XIX."
Posteriormente, el historiador Alejandro Del Río, editor del libro, se refirió a éste. Junto con señalar el carácter colectivo e interdisciplinario de esta obra, enfatizó también en la conmemoración, este año, de los 130 años de la muerte de Marx, lo que motiva a estudiar y hacer análisis materialistas orientados hacia la misma temática. Destacó, en relación a ello, dos textos escritos en 1983, cuando se cumplía el centenario del fundador de la dialéctica materialista. Ambos fueron publicados en el exilio: La transición al capitalismo en Chile. Problemas metodológicos e históricos,de María Eugenia Horvitz, actual Vicedecana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, publicado en Madrid por la Revista Araucaria de Chile,que dirigía Volodia Teitelboim, y El más eminente pensador de nuestro tiempo, escrito por Clodomiro Almeyda, canciller en el Gobierno Popular, y consiste en su intervención en la Conferencia Internacional Marx y nuestra época, celebrada en Berlín en abril de 1983.
En torno a ello, señaló Del Río "Un breve alcance a esos textos nos permitirá someter a vuestro juicio algunas de las conclusiones a las que hemos arribado en nuestro Esbozo." Refiriéndose al artículo de María Eugenia Horwitz, Del Río destacó lo que la autora señalara en el sentido que la elaboración científica de las categorías expuestas por Marx han tendido una comprensión y una aplicación de desarrollo discontinuo, toda vez que no ha sido fácil conocer la totalidad de los escritos marxistas por ejemplo, con los Grundrisse, conocido en América Latina recién a comienzo de los años setenta del siglo XX). Del mismo modo, la no presencia del estudio de categorías marxistas en Liceos y Universidades, hasta el día de hoy, atenta en contra ello. De allí lo significativo de poder presentar este libro precisamente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, que antaño cobijó a grandes pensadores, como Hernán Ramírez Necochea, Julio César Jobet y Fernando Ortiz. La investigación previa al golpe de estado comprendían preferentemente temas acerca del imperialismo, la clase obrera y el movimiento sindical. Por su parte, Liptschutz desarrolla temas sobre las culturas precolombinas.
Siguiendo con su exposición, Del Río señaló que el el libro se concentra, precisamente considerando los planteamientos anteriores, adhiriendo a lo señalado por Hortwitz: "En el análisis, en primer lugar, de la transición de los modos de producción, se han suscitado problemas concernientes a la relación entre categorías teóricas y el desarrollo de la investigación histórica" (p.53-54 del Artículo publicado en Araucaria de Chile ya citado), señalando, además, que "Una aproximación a este mismo problema la ofrecería Clodomiro Almeyda ese mismo año, 1983, quien enfatizaba, en la mencionada conferencia de Berlín, la íntima ligazón entre dialéctica materialista y praxis revolucionaria" donde el pensamiento marxista "ha promovido siempre la unidad y la convergencia en la lucha, de todos los revolucionarios y de todas las fuerzas democráticas y progresistas en todas partes, con la mira a acumular verdad y fuerza y así poder vencer a los enemigos de los pueblos. Todo ello, a condición de que no se abandonen los principios fundamentales en que descansa la teoría revolucionaria y que obligan a articular dialécticamente lo que es general y permanente con lo que es particular y coyuntural, no olvidando nunca que lo que es general se manifiesta siempre en lo particular y lo que es permanente se refleja a su manera en lo coyuntural" (p. 219-220). A continuación, expresó Del Río, en su presentación del libro: "Un antítesis de este enfoque lo encontramos, en una fecha cercana al centenario de la muerte de Marx, en el planteamiento de Gabriel Salazar, quien en 1985 en su libro Labradores, Peones y Proletarios, anunciaba a la perspectiva o "percepción introvertida y patética" (p.13) como la superación de la oposición entre concepción burguesa y concepción marxista, entre idealismo y materialismo; aludiendo a la idea de "patria" de la concepción idealista chilena. Al decir de Del Río, Salazar afirmaba que: "Descartar este tipo de sujeto histórico nacional no significa, por supuesto, que se asume maquiavélicamente la tesis metafísica opuesta, del sujeto nacional dividido, o sea, el 'principio' de la lucha de clases (…) la situación histórica señala la necesidad de descolgarse de las bóvedas abstractas para sumergirse de lleno en los hechos cotidianos, o en las relaciones de todos los días" (p. 14-15). Del Río señalaba a continuación: "Reduciendo el problema de las categorías a la caricatura de una bóveda y a la dialéctica materialista al rango de una metafísica, Salazar invitaba a ubicar el estudio histórico por sobre las concepciones de clase e incluso en nuestros días gusta de ser televisado convocándonos a deshacernos de la conciencia de clase y de los partidos políticos, pretensión de la que Almeyda ya daba cuenta en el centenario de Marx, sosteniendo que la negación del partido político "conduce al liquidacionismo y a dejar a las masas obreras bajo la hegemonía de la burguesía. Este punto de vista pretende fundamentarse en la hipótesis de que las masas en sí, sin necesidad de una vanguardia consciente que las dirija, pueden encontrar en sí mismas, en su pura espontaneidad, en la inmediatez de su experiencia cotidiana, el rumbo adecuado para triunfar" (p.220).
Posteriormente, Alejandro Del Río se refirió a diversos conceptos tratados en el libro, que dan cuenta del devenir del desarrollo de las clase sociales en los territorios que comprenden el Chile actual, realzando la importancia de su análisis profundo que posibilitan entender su paso paulatino de un modo de producción fundado en la propiedad de la tierra a uno fundado en la propiedad del capital, citando para ello El Capital de Carlos Marx y otras obras y autores. Entre los conceptos señalados estuvo la renta de la tierra, el latifundio, el inquilinaje, la dinámica de la mediería en el campo, el trabajo y plustrabajo, entre otros, con los cuales se explica este tránsito de un modo de producción a otro. Finalmente, Alejandro Del Río respondió diversas consultas y preguntas hechas por los asistentes a esta presentación.


EXPOSICION DE PATRICIO GONZALEZ


Presentación del libro Esbozo del surgimiento del capitalismo y de la clase obrera en Chile, en su primera parte: El modo de producción fundado en la propiedad de la tierra, obra de un grupo interdisciplinario de militantes comunistas, cuyo editor es Alejandro Del Río, iniciativa de la Comisión Nacional de Cultura del PC.

Hoy en día, en los medios de comunicación de masas, ha desaparecido el término clase social. Es un concepto tabú. Predominan categorías tales, como "clase política", "movilidad social", emprendimiento, consumidores, etc., los cuales ocultan lo fundamental de nuestra economía, como lo es la existencia real y objetiva de clases sociales, cuyos intereses son contradictorios, y se expresan en una lucha de clases.
La superestructura de una sociedad (partidos políticos, gobierno, parlamento, tribunales, diversas instituciones estatales, etc.). está determinada por la base material que sustenta una organización humana. Dicha base material está compuesta por las relaciones objetivas que establecen los hombres con el fin de crear la riqueza (economía) real que la civilización requiere para su subsistencia, para su desarrollo. Por tanto, los medios de producción, las fuerzas productivas están incorporadas en dicha base. Esas relaciones que establecen los hombres están determinadas por su relación respecto a la propiedad sobre los medios de producción y sobre el producto, situación que se expresa en un antagonismo de clases. Evidentemente, aunque la base determina la superestructura, ésta última tiene influencia en la primera,

Ya en El Manifiesto Comunista, Marx y Engel señalan que "La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases", y donde el proletariado se entiende como "la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir".1

Si analizamos, en general, el desarrollo de la civilización, veremos que cada una de ellas se expresa en un Modo de Producción determinado. Esta categoría básica de la Economía Política (Modo de Producción) expresa la conjunción dialéctica de un determinado nivel de desarrollo de la Fuerzas Productivas con una determinada caracterización de las Relaciones de Producción. Por tanto, si viéramos estos modos de producción en su desarrollo histórico, se puede determinar desde el modo de producción primitivo, pasando por el esclavismo y feudalismo, para llegar al capitalismo, a lo menos actualmente en la inmensa mayoría de los países.
Sin embargo, el tránsito de un modo de producción a otro no es un camino rectilíneo y mucho menos "puro". Es decir, si bien predomina una forma específica de producción, con clases sociales determinadas o esenciales de éste, aún subsisten formas anteriores de producción y germinan otras nuevas.

Dicho en otra forma, en cada formación social dada por un determinado modo de producción, existen clases sociales que determinan la esencia del modo de producción, pero también cohabitan restos de clases sociales ya superadas y empiezan a formarse gérmenes de las nuevas. Esa ha sido la característica de la sociedad dividida en clases.

Ahora bien. ¿Qué es una clase social?. Muchos autores (economistas, sociólogos, filósofos, etc.) han expresado diversos conceptos al respecto.

Me permito la libertad de resaltar la definición establecida por Lenin, quien señalaba: "Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social"2

En primer término, la citada definición establece que las clases no es cualquier grupo de personas, sino que a) son grandes grupos y b) se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un modo de producción históricamente determinado.

En segundo lugar, se diferencia por su posición respecto a los medios de producción (la propiedad de éstos) y, por ende, por su rol en la organización del trabajo.

Finalmente, se señala que, debido a lo anterior, una clase social puede apropiarse del trabajo de otra.

Más allá de que todos podamos compartir o no esta definición de clase social, lo importante es analizar la realidad actual en nuestro país respecto a este tema:

¿Qué clases sociales existen en Chile hoy en día?
¿Cómo se caracterizan?
¿Hay lucha de clases o puede darse una colaboración entre ellas?.
¿Existe la explotación de una clase por otra? Y otras cuántas interrogantes.

Dilucidar estas preguntas, ir a la confrontación y lucha de ideas debe permitir generar las condiciones necesarias para que otro mundo sea posible, especialmente cuando la inmensa mayoría de los medios de comunicación de masas hace ya tiempo que se han pronunciado al respecto, evidentemente con el fin de dar por superada las clases sociales y, por ende, la lucha de clases.

Para entender esta problemática en la actualidad en nuestro país, se hace necesario una visión retrospectiva, un análisis histórico, y es eso precisamente lo que hace este libro Esbozo del surgimiento del capitalismo y de la clase obrera en Chile, en su primera parte: El modo de producción fundado en la propiedad de la tierra, obra de un grupo interdisciplinario de militantes comunistas, cuyo editor es Alejandro Del Río, iniciativa de la Comisión Nacional de Cultura del PC en el marco de su Centenario.

Esta obra, en 194 páginas, ordenadas en 7 capítulos, estudia el desarrollo de las clases sociales en el territorio, que hoy constituye nuestro país, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Se basa fundamentalmente en las obras de Marx y Engel, especialmente las referidas a los fundamentos de la Economía Política, pero también al aporte de varios autores nacionales, entre ellos, los de los grandes historiadores Hernán Ramírez Necochea y Fernando Ortiz.

Utilizando la dialéctica como método científico de investigación, el libro hace un profundo análisis de las formas de producción precapitalista en nuestro país, particularmente las relacionadas con la tenencia de la tierra, y demuestra fehacientemente cómo se inicia el surgimiento de la clase obrera chilena en la medida que se van derivando nuevas formas de producción, especialmente con el desarrollo de la producción agrícola y minera.

Con una alta rigurosidad cient´fica, acorde a la importancia del tema, y utilizando las categorías marxistas, al transcurrir las páginas y capítulos del libro, van siendo tratados diversos conceptos que caracterizan la economía chilena precapitalista: los términos renta de la tierra, dinero, patrimonio-dinero, capital, producción y circulación, valor, plusvalía, mercancía fuerza de trabajo y muchos otros, van dando cuenta de los diversos fenómenos y sus concatenaciones que van dando origen al surgimiento del proletariado en Chile.
Todo ello en correspondencia con la metamorfosis que va sufriendo la producción y que se manifiesta en la producción de valor de uso y valor de cambio y el surgiemiento de la producción mercantil en nuestro país, las condiciones del origen del capital y el surgimiento de las condiciones de la reproducción ampliada del capital, todo lo cual lleva al nacimiento de la clase obrera en el transcurso del siglo XIX.

Pero la idea no es, por mi parte, hacer un análisis profundo del libro. Muy por el contrario: en mi opinión, siendo un libro profundo, con densos contenidos, es indispensable su lectura para poder entender de mejor manera el proceso social en nuestro país, los cambios de forma y no esenciales que se han ido dando en la clase obrera chilena: la generación de plusvalía sigue siendo el leit motiv del capitalismo y lo característico de ello es la apropiación de esa plusvalía por parte de la burguesía, independientemente de las formas en que esta explotación tenga lugar.

Si bien el libro, como lo dije recientemente es un gran aporte, nos quedamos con la sensación sabor a poco, de que falta algo importante todavía, como lo es la segunda parte de este libro: el modo de producción fundado en la propiedad de los medios de producción, la cual esperamos ansiosos tenerla pronto a disposición.

Como se señala en el mismo libro, cito página 176 "Tanto la minería como la agricultura son producciones que en su inicio colonial se basaban en la propiedad de la tierra, por lo cual el desarrollo de la renta de la tierra muestra las condiciones de origen y reproducción del capital en nuestro país, por tanto, los caracteres particulares del nacimiento de la clase obrera chilena".3

Desde el punto de visto metodológico, los mismos autores señalan, en la página anterior a la recientemente citada, que el estudio del capital debe considerar dos aspectos: el conceptual (qué es el capital) y el histórico (el tránsito de la no existencia a la existencia del capital). Cito: "Esta distinción metodológica es decisiva porque si bien el concepto de capital no puede explicar su devenir, solo teniendo el concepto se puede comenzar su investigación histórica".4

Pero ya he hablado demasiado. Solo falta volver a recomendar la compra del libro, felicitar a sus autores, especialmente a su Editor, y escuchar a Alejandro, quién nos ilustrará de mucho mejor forma acerca de esta temática. Gracias
1Marx y Engel, Manifiesto Comunista, Ediciones Delta, pág. 41
2 Lenin, Una gran iniciativa, en Marx, Engels, marxismo, Editorial Progreso, Moscú, pág. 479
3Del Rio Alejandro (Editor) Esbozo del surgimiento del capitalismo y de la clase obrera en Chile, Santiago, 2012, pág 176
4Idem. Pág.175


EXPOSICION ALEJANDRO DEL RIO

Presentación del Esbozo del Surgimiento del Capitalismo y de la Clase Obrera en Chile

El libro que presentamos, Esbozo del Surgimiento del Capitalismo y de la Clase Obrera en Chile, es producto de un trabajo realizado por un grupo interdisciplinario de militantes comunistas; ha sido concebido como un esbozo de las categorías fundamentales de la Economía Política de Marx y una introducción, a partir de dichas categorías, a un análisis del proceso de clases en nuestro país.La conmemoración, este 2013, de los 130 años de la muerte de Marx nos proporciona la ocasión de indagar en estudios de vocación materialista que se han aproximado al mismo problema. En tal búsqueda hemos encontrado dos textos de 1983 cuando se cumplía el centenario del fundador de la dialéctica materialista y que nos parece oportuno destacar. Ambos textos fueron publicados en el exilio, uno de ellos lleva por título La transición al capitalismo en Chile. Problemas metodológicos e históricos,de María Eugenia Horvitz, publicado en Madrid porRevista Araucaria de Chile,que dirigía Volodia Teitelboim; el otro texto se titula El más eminente pensador de nuestro tiempo de Clodomiro Almeyda y consiste en su intervención en la Conferencia Internacional Marx y nuestra época, celebrada en Berlín en abril de 1983. Un breve alcance a esos textos nos permitirá someter a vuestro juicio algunas de las conclusiones a las que hemos arribado en nuestro Esbozo.
En su artículo María Eugenia Horvitz señala que "Las categorías expuestas por Marx en torno al origen de la sociedad moderna han tenidoal nivel de la elaboración científica una comprensión y una aplicación de desarrollo discontinuo" (p.53). Limitándonos a lo que ese desarrollo discontinuo comporta para Chile, la historiadora señala caracteres que han determinado el estudio de las categorías marxista como supuestos de análisis histórico, entre las que destacamos, de una parte, la "dificultad de conocer la totalidad de la obra de Marx" (Íd.), la cual es constatable en lo tardío del conocimiento que muchos latinoamericanos tuvimos de Grundrisse o el Capítulo Inédito de El Capital, publicados recién a comienzos de la década de los sesenta; de otra parte, la historiado pone de manifiesto que "las condiciones políticas impuestas por la guerra fría serán la causa de que los estudios teóricos , así como la historia y la economía marxistas, estén excluidos de las universidades" (Íd.), acotando que "en Chile, sólo a partir de los años sesenta se logrará que en la enseñanza superior se consideren los estudios marxistas" (Íd.) En relación al lugar que ostenta el conocimiento de las categorías marxistas en el concierto de la investigación histórica chilena, MEH concluía en la siguiente proposición: "Postulamos que es en ruptura con la conceptualización de la historiografía tradicional chilena que se desarrollan las reflexiones sobre el origen y el carácter de la formación económico-social en Chile. En este sentido, la producción histórica es reciente: los trabajos más interesantes se publicarán desde mediados de los años cincuenta hasta 1973 (...) Las primeras investigaciones serán el resultado de un trabajo individual que sólo alcanzará desarrollo colectivo a fines de los años sesenta (…) Los primeros rompimientos teórico-científicos con esta tradición, los producen historiadores marxistas: Hernán Ramírez Necochea y Julio César Jobet. Los temas privilegiados son el problema del imperialismo y su articulación con la sociedad chilena; el origen de la clase obrera y sus organizaciones políticas y sindicales. En el campo de la antropología, el profesor Lipschutz desarrolla la investigación sobre cultural precolombinas (...) En los años sesenta, Góngora y luego Carmagnani problematizan el nacimiento y carácter de las relaciones sociales y de los mecanismo generales de la estructura económico-social colonial" (p.56-58).
Consideramos que este conjunto de antecedentes permiten avizorar algunos aspectos principales del itinerario que en Chile ha experimentado este problema, en el cual se concreta el Esbozo que hoy presentamos, problema que en el artículo de MEH está expresado en los siguientes términos, a los que suscribimos: "En el análisis, en primer lugar, de la transición de los modos de producción, se han suscitado problemas concernientes a la relación entre categorías teóricas y el desarrollo de la investigación histórica" (p.53-54).
Una aproximación a este mismo problema la ofrecería Clodomiro Almeyda ese mismo año, 1983, quien enfatizaba, en la mencionada conferencia de Berlín, la íntima ligazón entre dialéctica materialista y praxis revolucionaria, indicando que el pensamiento marxista "ha promovido siempre la unidad y la convergencia en la lucha, de todos los revolucionarios y de todas las fuerzas democráticas y progresistas en todas partes, con la mira a acumular verdad y fuerza y así poder vencer a los enemigos de los pueblos. Todo ello, a condición de que no se abandonen los principios fundamentales en que descansa la teoría revolucionaria y que obligan a articular dialécticamente lo que es general y permanente con lo que es particular y coyuntural, no olvidando nunca que lo que es general se manifiesta siempre en lo particular y lo que es permanente se refleja a su manera en lo coyuntural" (p. 219-220). Un antítesis de este enfoque lo encontramos, en una fecha cercana al centenario de la muerte de Marx, en el planteamiento de Gabriel Salazar, quien en 1985 en su libro Labradores, Peones y Proletarios, anunciaba a la perspectiva o "percepción introvertida y patética" (p.13) como la superación de la oposición entre concepción burguesa y concepción marxista, entre idealismo y materialismo; aludiendo a la idea de "patria" de la concepción idealista chilena, Salazar afirmaba que: "Descartar este tipo de sujeto histórico nacional no significa, por supuesto, que se asume maquiavélicamente la tesis metafísica opuesta, del sujeto nacional dividido, o sea, el 'principio' de la lucha de clases (…) la situación histórica señala la necesidad de descolgarse de las bóvedas abstractas para sumergirse de lleno en los hechos cotidianos, o en las relaciones de todos los días" (p. 14-15). Reduciendo el problema de las categorías a la caricatura de una bóveda y a la dialéctica materialista al rango de una metafísica, Salazar invitaba a ubicar el estudio histórico por sobre las concepciones de clase e incluso en nuestros días gusta de ser televisado convocándonos a deshacernos de la conciencia de clase y de los partidos políticos, pretensión de la que Almeyda ya daba cuenta en el centenario de Marx, sosteniendo que la negación del partido político "conduce al liquidacionismo y a dejar a las masas obreras bajo la hegemonía de la burguesía. Este punto de vista pretende fundamentarse en la hipótesis de que las masas en sí, sin necesidad de una vanguardia conciente que las dirija, pueden encontrar en sí mismas, en su pura espontaneidad, en la inmediatez de su experiencia cotidiana, el rumbo adecuado para triunfar" (p.220).
Naturalmente no podemos abundar en una examen de las teorías que han sepultado y vuelvo a sepultar la dialéctica materialista en nuestro país, quienes, no obstante, han debido desempeñar el papel de un Sísifo ante la montaña que representa nuestro pueblo. Tomemos una contradicción histórica concreta que pone en tensión a las categorías y que pone de manifiesto MEH, nos referimos al surgimiento del inquilinaje, contradicción que bien pudiese ser asumida como una "involución", en palabras de la historiadora, quien plantea a "las relaciones sociales de producción que se constituyen en torno a la tierra y el carácter de la renta de la tierra" (p.60) como uno de los esenciales aspectos, junto a la minería, de la constitución de las formas sociales que anteceden el nacimiento de las relaciones capitalistas. A fin de tener a la vista los términos de esta problemática, citamos en extenso el planteamiento aludido:
"A mediados del siglo XVIII, el inquilinaje es la forma de relación dominante en el campo, la que se ha venido estableciendo desde fines del siglo anterior (...) El proceso de consolidación de esta relación requiere especial interés. Las primeras instituciones coloniales basadas en la explotación de la población indígena, como la Mita y la Encomienda, se han desintegrado a fines del siglo anterior. Concomitante a este proceso, ha habido un aumento de la población y ha surgido al lado de la población indígena (la que ha disminuido en cantidad) un grupo de españoles pobres, sin tierra, y de mestizos que constituyen un mercado de mano de obra, en la época en que se abre para los terratenientes de la Capitanía General el mercado de trigo que constituye Perú. La propiedad agrícola se ha consolidado y no hay un mercado en el sentido capitalista que permita a estos sectores acceder a la tierra. De ahí que se utilice como sistema "el préstamo de tierras" en los lindes de los grandes fundos. En los documentos de la época se menciona a estos arrendatarios como "amigos o familiares", los cuales deben pagar una renta en especies o en dinero. A mediados del siglo XVIII, el sistema se ha extendido y estos arrendatarios son calificados de peones o inquilinos. El historiador Mario Góngora explica que este cambio se une a un proceso de conmutación de la renta en dinero o en especie por la prestación en trabajo (...) Se comparamos el proceso de origen y consolidación del inquilinaje, con lo ocurrido en Inglaterra en relación con la introducción del arrendamiento de tierras y la aparición de la renta en dinero, podemos pensar que en Chile se ha producido una "involución". De la renta en dinero se llega a la consolidación de la prestación de trabajo que coloca al trabajador en una situación parecida a la del siervo feudal. Esta forma contradictoria con la del desarrollo del capitalismo, está necesariamente articulada con el poder que adquiere la oligarquía terrateniente y el sistema coercitivo impuesto por España". (pp. 60-61)
Antes de discutir la tesis de Góngora del "préstamo de tierra" como origen del inquilinaje, en base al estudio de las categorías que hemos intentado sistematizar en nuestro Esbozo, subrayemos sucintamente el problema a cuya reflexión nos incita la historiadora. Considerándolas en abstracto, Marx dispone, en el libro tercero de El Capital, las distintas formas de renta pre-capitalista de acuerdo al siguiente orden: renta en trabajo, renta en producto o especie y renta en dinero. En todas ellas la relación de producción estriba en un productor directo que carece de la propiedad y que ocupa un terreno cuyo propietario, el terrateniente, recibe de parte del trabajador un pago por esa ocupación o disfrute, pago que denominamos renta. Lo común a estas tres formas de renta es que el trabajador no está separado de los medios de producción, como un asalariado, por el contrario, el trabajador que paga renta de la tierra no es un trabajador libre por el hecho que tanto el terreno y los instrumentos que ocupa son de propiedad del terrateniente así como la fuerza de trabajo del productor directo, por ende, de toda la fuerza de trabajo y de los valores que esa fuerza representa. Tal situación es la que comparten el trabajador indígena encomendado y el inquilino, quienes no venden fuerza de trabajo pues ésta se reputa incluida entre medios de producción de propiedad del terrateniente. Con ello se nos muestra la diferencia específica entre una producción pre-capitalista y una capitalista, en la primera el trabajo y los medios de producción representan una unidad bajo la forma de la propiedad del terrateniente mientras que en una producción capitalista tal unidad no existe, el propietario de los medios de producción, o sea, el propietario del capital, no dispone del trabajo sino adquiriéndolo en el mercado y solo por determinados lapsos de tiempo. Los trabajadores que son libres, según el libro primero de El Capital, lo son "en el doble sentido de que no figuran directamente entre los medios de producción, como los esclavos, los siervos, etc., ni cuentan tampoco con medios de producción propios" (p.608). Tal trabajador libre no corresponde a un trabajador que posee tierras, como el encomendero y el inquilino, pues el trabajador libre carece del uso para sí mismo de cualquier medio de producción, por lo cual no le adeuda al propietario de esos medios pago alguno.
Si admitimos que la renta de la tierra es el plustrabajo o trabajo excedente, o sea la cantidad por sobre el trabajo necesario para su subsistencia y reproducción, se derivan a los menos dos conclusiones básicas: la primera es que toda la producción del terrateniente es una acumulación del trabajado explotado, en el caso chileno en la forma de una relación de servidumbre, sin perjuicio de que en esa producción se presenten fenómenos que no tienen su origen en el trabajo que directamente explota el terrateniente, como el crédito, ciertas ventajas impositivas o de política fiscal que le proporciona el Estado o los mismos atributos naturales de la tierra. Esto que pudiese ser una obviedad no lo es si la investigación parte de premisas idealistas, como lo apuntaremos al examinar la tesis de Góngora en cuya perspectiva el trabajo explotado no es explicitado como tal en su intención de demostrar que el inquilinaje no es una relación de servidumbre o que no tiene su origen en la patente servidumbre que representa la encomienda.
La segunda conclusión que se desprende de la categoría de renta como plustrabajo es que la diferencia entre los tipos de renta corresponde a una diferencia de la forma que adopta el plustrabajo al ser pagado por el trabajador al terrateniente. En la renta en trabajo, o prestación personal directa, el pago es en días de trabajo, realizado en las tierras que el trabajador no ocupa; en la renta en producto o especie, esos días no son tributados al terrateniente directamente pues lo que el trabajador entrega son cantidades de producto correspondientes a esos días; finalmente, en la renta en dinero, el trabajador traspasa al terrateniente no el producto sino el valor del producto en dinero, por lo que encontramos a la renta como precio.
Acotando que en este breve repaso estamos omitiendo múltiples implicancias no menos pertinentes, podemos, sin embargo, observar una sucesión: desde un trabajador que realiza una prestación personal sometida derechamente a coacción directa hasta un trabajador que realiza sus productos como mercancías para pagar la renta en dinero, que se comporta como un sujeto del mercado que vende su plustrabajo y para el cual la coacción se presenta bajo una forma monetaria. Si consideramos esta sucesión, postulada por Marx, con el desarrollo de la renta en el proceso de clases de nuestro país, pudiese advertirse que, en Marx, el tránsito de la renta va desde la prestación personal al pago en dinero, mientras que en Chile, como señala MEH, "De la renta en dinero se llega a la consolidación de la prestación de trabajo que coloca al trabajador en una situación parecida a la del siervo feudal".
Este tipo de contradicciones, a los que aboca el libro que hoy presentamos, es un claro ejemplo de la unidad entre la dialéctica materialista y el estudio concreto de la lucha de clases, muestra la exigencia a la que debemos responder quienes sostenemos la transformación de la sociedad de clases toda vez que esa transformación es al mismo tiempo comprensión de la sociedad de clases. La hegemonía ideológica de la clase capitalista chilena en el ámbito intelectual ha promovido la obsolescencia de la unidad entre método y estudio concreto, pretendiendo convencer, por citar una caso, al historiador de que su tarea es histórica y no filosófica o al sociólogo de que su labor ninguna relación guarda con las categorías económicas. La especialización se ha asentado así como el paraíso del orden burgués ante el cual no sería posible un espejo que lo refleje de cuerpo entero y mucho menos el cuerpo entero de su formación histórica, paraíso que el lucro en la educación ha ido ensanchando estos últimos veinte años y que a través de los medios de financiamiento de la investigación ha conspirado en contra de los espacios públicos de conocimiento, como las universidades estatales cuyo rol en la democratización del saber será siempre oportuno reivindicar. La contradicción que hemos indicado, ciertamente, tiene en la propia categoría de trabajo su sustancia y es puntualmente el trabajo lo que las teorías que gozan del beneplácito hegemónico no quieren asumir como fundamento del análisis. En este sentido nuestro Esbozo destaca que problemas tan gravitantes para la comprensión de la historia chilena, como el que a continuación escrutaremos, no sólo se imponen como una demanda insoslayable para los constructores de un Chile libre de neoliberalismo sino también "acusan, en el campo delpensamiento burgués, la concepción económica que albergan las teorías historiográficas y laconcepción de la historia presupuesta en las teorías económicas, nociones que al plantearse porseparado esconden, bajo la apariencia de disputas entre tendencias o de diferencias disciplinarias,el carácter de clase de tales teorías y lo común que hay en ellas" (p.6).
Abordemos el problema preguntándonos: ¿por qué la sucesión de las rentas planteada por Marx pareciera ser inversa a la sucesión de las rentas que exhibe la historia chilena? La respuesta elemental es que la sucesión indicada por Marx es una sucesión de categorías de renta, ordenadas desde lo simple a lo complejo, mientras que la historia chilena nos muestra una sucesión de relaciones reales y efectivas cuyo orden obedece al desarrollo concreto de la sociedad chilena. La sucesión de renta en trabajo o prestación personal, renta en producto y renta en dinero ubica en primer lugar a la renta en trabajo o prestación personal, porque ella consiste en la relación más simple por la cual es el trabajo vivo aquello de lo cual directamente se apropia el terrateniente; ante esta prestación personal la renta en especie es más compleja pues supone la materialización del trabajo en el producto, vale decir, el trabajo ya no aparece en su pura simplicidad sino bajo una forma compleja, la del trabajo materializado o trabajo pasado; consiguientemente, ante esta renta en especie, la renta en dinero se presenta más compleja aun, pues el trabajo pasado ahora no figura como tal sino como dinero, conteniendo la transformación del trabajo vivo en trabajo pasado y la transformación de este trabajo pasado en valor-dinero.
Por tanto, lo que Marx nos ofrece es una sucesión de categorías que van de lo simple a lo complejo, en este caso, de la renta en trabajo o prestación personal a la renta en dinero. Ahora bien, ¿por qué el proceso de clases en Chile no se atiene a este orden develando incluso una sucesión inversa, desde la renta en dinero a prestación personal? Evidentemente debido a que los procesos históricos no se desarrollan de acuerdo a una pura sucesión que va desde lo simple hacia lo complejo, sucesión que es resultado del pensamiento, de acuerdo a sus instrumentos, como la simplicidad y la complejidad que sólo existen en la esfera que les da vida; fuera del pensamiento y con independencia de él, las relaciones efectivas que la historia pone a nuestra vista son resultados del proceso real, no del proceso del pensamiento, son productos de todos los fenómenos que conforman el desarrollo de la existencia material, en la cual, por cierto, interviene la conciencia, pero de ninguna manera es la conciencia la que crea la realidad y su desenvolvimiento. La realidad no le debe su existencia, por así decirlo, a lo que nos representamos espiritualmente de ella, por ende, la sucesión de relaciones reales no necesariamente corresponderá al orden de las categorías, salvo que se admitiera que las categorías detentan, ante lo real, un imperativo o un "deber ser", o salvo que se aceptara que la existencia, sus desarrollos y contradicciones, está sometida a la conciencia. Ahondemos un poco más en este aspecto.
La categoría simple, la renta en trabajo o prestación personal, precede o se ubica antes que la categoría compleja, la renta en dinero. Existen desarrollos históricos en donde encontramos este orden así como otras sociedades en las cuales no lo verificaremos, pero el hecho de que la sucesión categorial coincida con la sucesión histórica dependerá de la sociedad misma que se analice, no del orden de las categorías del análisis. Estimar que esa coincidencia tendría que presentarse en todas las sociedades nos enfrentaría al siguiente contrasentido: si la categoría simple antecede lógicamente a la categoría compleja, la categoría simple tendría que anteceder históricamente a la categoría compleja, es decir, le estaríamos exigiendo al desarrollo histórico que se ordene con arreglo a la precedencia lógica con que nos representamos el desarrollo histórico; lo que es anterior en el pensamiento, la categoría simple, sería lo que existió cronológicamente antes y lo que es posterior en el pensamiento, la categoría compleja, sería lo que existió cronológicamente después. Si nos sujetásemos a esta perspectiva la categoría simple, la renta en trabajo o prestación personal, tendría que pertenecer a una sociedad menos desarrollada que precede a la sociedad más desarrollada en donde verificamos a la categoría compleja, la renta en dinero. A la sociedad menos desarrollada, históricamente anterior, le correspondería la categoría simple, la prestación personal, y a la sociedad más desarrollada, históricamente posterior, le correspondería la categoría compleja, el pago en dinero. Si esta coincidencia es corroborada en una determinada sociedad, como puede ser el caso de Inglaterra, ello no significa que Marx nos indique que elevemos esa coincidencia a un principio universal, válido para todas las sociedades del orbe. Por el contrario, lo frecuente es que esa coincidencia no se presentará, planteando Marx en el tomo I de los Grundrisse que "aunque la categoría más simple haya podido existir históricamente antes que la más concreta, en su pleno desarrollo intensivo y extensivo ella puede pertenecer solo a una forma social compleja, mientras que la categoría más concreta se hallaba plenamente desarrollada en una forma social menos desarrollada" (p.24)
En nuestro caso, la renta en dinero puede haber tenido un mayor dominio sobre la sociedad antes que la prestación personal, asumiendo tal hipótesis, pero ello no significa que por el solo hecho de que existe la renta en dinero la sociedad se haya desarrollado al punto de permitir que de la renta en dinero surja la relación categorialmente posterior a ella, la renta capitalista; si, por el contrario, lo que se comprueba es que de lo posterior a la renta en dinero fue la prestación personal es porque ésta no se había desarrollado para posibilitar su disolución. Un aspecto de la producción no expresa por sí mismo a la totalidad de la producción, por tanto, una categoría simple puede figurar como dominante o bien como dominada frente a las relaciones que expresan las categorías complejas, así Marx lo pone de relieve: "puede afirmarse que la categoría más simple puede expresar las relaciones dominantes de un todo no desarrollado o las relaciones subordinadas de un todo más desarrollado, relaciones que ya existían históricamente antes que el todo se desarrollara en el sentido expresado por una categoría más concreta. Solo entonces el camino del pensamiento abstracto, que se eleva de lo simple a lo complejo, podría corresponder al proceso histórico real" (Grundrisse, tomo 1, p.23). Teniendo en cuenta estos elementos medulares de la dialéctica materialista, la formulación de las categorías ha de disponerse desde lo simple a lo complejo, puesto que, en palabras de Marx, "sería impracticable y erróneo alinear las categorías económicas en el orden en que fueron históricamente determinantes" (Íd., p.28) y es en este orden en que las encontramos en El Capital, el cual, por este motivo, como sugiere MEH en su estudio, "no puede ser considerado libro de consulta enciclopédica" (p. 56).
En conclusión, la contradicción entre relaciones sociales y fuerzas productivas adoptará en el amplio espectro de zonas geográficas una multiplicidad de formas concretas y concretos desarrollos. La consideración del proceso inglés de clases, expuesto en el capítulo 24 del tomo 1 de El Capital, pudiese inducirnos a la expectativa de hallar en el proceso chileno transiciones similares o idénticas y ciertamente el paso histórico desde la renta en dinero a la renta en trabajo o prestación personal pareciera denotar una anomalía o incluso, como lo han planteado algunas investigaciones que parten de otras concepciones, una insuficiencia de las categorías marxistas.
En Inglaterra, según sostiene Marx, la conversión de la renta en dinero da paso a la renta capitalista, para ello la renta en dinero se supone consolidada, es decir, que el trabajo existe globalmente como valor de cambio y que las rentas en trabajo y en especie se hallan absorbidas en la forma de valor que adquirió el trabajo; por tanto, los latifundistas ingleses expulsan a sus siervos que les pagaban renta en dinero para arrendar a capitalistas, quienes le pagarán una renta determinada directamente por la tasa media de ganancia, al igual que cualquier inversión de capital. El latifundista inglés renuncia a seguir cultivando a través del empleo de siervos, pues, entre otra cosas, la renta que éstos le pagan es inferior a la que le entregará el capitalista.
En Chile, el latifundista del siglo 17 no puede renunciar al cultivo ya por el hecho elemental de que grandes extensiones no se encuentran produciendo. Hasta cierto punto, la exportación de trigo al Perú creará la necesidad de poner en funcionamiento esas extensiones. ¿Qué forma de trabajo es la que hará producir la tierra? Aquella en la cual reposa el modo de producción que prima en ese entonces, el modo de producción fundado en la propiedad de la tierra, y de acuerdo al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, de las cuales las tierras sin cultivar son un indicio básico. Esa forma de trabajo es la del poseedor que paga renta al terrateniente, el cual no es libre pues su trabajo se encuentra incluido entre los medios de producción de propiedad del latifundista. Subrayemos en este plano que las formas de renta en trabajo o prestación personal, en especie y en dinero son todas ellas rentas pre-capitalistas, por ende, la transición de la prestación personal a la renta en dinero o de ésta a la prestación personal corresponden a transiciones entre formas pre-capitalistas. La monetización de la renta que paga un poseedor en ningún sentido equivale a la capitalización de la renta que paga un arrendatario capitalista. Bien es cierto que ciertos fenómenos pueden aparecer en ambas rentas, como el empleo de asalariados que pueden efectuarlo los arrendatarios capitalistas o los poseedores, para quienes, señala Marx en el libro tercero de El Capital, "poco a poco aumentan sus posibilidades de amasar cierta fortuna y de convertirse en futuros capitalistas. Entre los antiguos poseedores de la tierra se crea así un semillero de arrendatarios capitalistas" (p.781). Pero tal conclusión Marx la esgrime en lo relativo al paso del feudalismo al capitalista en Europa, en el Chile del siglo 17 no encontramos a esa renta en dinero como una renta capitalista en ciernes, por el contrario, el pago en especies se mantendrá en los siglos 18 y 19, incluso como una forma del pago salarial. La forma de la renta no expresa de una manera directa el concreto régimen económico que le sustenta. La relación entre el poseedor y el latifundista es la misma en las distintas formas de renta. Asevera Marx, de una parte, "La conversión de la renta-trabajo en renta-producto no modifica, desde el punto de vista económico, la esencia misma de la renta de la tierra" (p778), de otra parte, plantea "por renta en dinero entendemos la renta del suelo que tiene como origen un simple cambio de forma de la renta-producto" (p.780). En conclusión, la forma que adopta el pago de la renta no tendría que ocultarnos la esencia de la esta relación pre-capitalista, cual es la apropiación, por parte del latifundista, del plustrabajo del productor directo, cuya capacidad de trabajo está a disposición del latifundista como un medio más de producción.
Por este motivo es errónea la distinción entre préstamo de tierra con obligaciones y préstamo sin obligaciones que sugiere en su libro "Origen de los ´Inquilinos´ de Chile Central" Mario Góngora, uno de los historiadores más acuciosos en esta materia que, no obstante, intenta establecer una tajante disociación entre encomienda e inquilinaje. La tesis cardinal de Góngora sobre la posesión de tierra, que él entiende preferentemente como préstamo o tenencia, consiente diferenciarla en dos momentos según la existencia o inexistencia de obligaciones para el prestatario. El préstamo sin obligaciones en un inicio sólo sería concedido a personas con las cuales el propietario tiene relaciones familiares, de confianza o patrocinio; en sus palabras: "Se trata aquí (…) de asignaciones de pedazos medianos o ínfimos a familiares, tal vez hijos naturales, en virtud de vinculaciones personalísimas de proximidad y patrocinio" (p. 35). Luego se extendería a personas "humildes" o "de rango inferior",momento en el cual, según el historiador, "El rasgo familiar o personal de cada caso queda subsumido en una forma general" (p. 37), personas que recibirían tierra por parte del latifundista, prefigurándose el inquilinaje: "Al aplicarse el préstamo a gentes de rango social humilde comienza a cobrar otra modalidad. Se derivan de él deberes tocantes al cuidado de los linderos y los ganados de la estancia, lo cual preludia un proceso de dependencia mayor" (p. 45-46).
El préstamo, que Góngora avizora como "esencialmente ligado al escaso valor del suelo", sería "una institución que sigue a la época de las mercedes de tierra, y que antecede al proceso de creciente valorización del cultivo. Las mercedes (…) disminuyen netamente en el Centro, hacia mediados del siglo XVII. El cultivo cerealista adquirirá ímpetu desde comienzos del siglo siguiente y progresará a lo largo de él y del XIX" (p. 46). Los caracteres del siglo 17 que originan el préstamo de tierra, según Góngora serían falta de mano de obra, el asentamiento disperso de la población o despoblamiento en determinadas zonas, lo que se encuentra ligado con el asentamiento disperso pastoril, las tierras sin cultivar y grandes terrenos que no son explotados en toda su extensión y la necesidad de custodiarlos. En el primer momento se presentaría un préstamo sin obligaciones para el trabajador poseedor, quien pagaría una renta bajo la designación de "reconocimiento", que Góngora cataloga de "simbólico" por su ínfima cantidad; posteriormente surgiría un préstamo con obligaciones, en donde la renta puede o no expresarse en el "reconocimiento", pues ella ya está dada por las obligaciones.
Puesto que el autor no observa clases ni lucha de clases el objeto no de estudio es el trabajo ni la apropiación del trabajo ajeno, sino la tierra. Así, la posesión de tierra, la esencia de esta forma de explotación, es estipulada por el autor como "préstamo", lo que es válido en la medida en que expresa los términos que aparecen en las fuentes directas; de esta manera el trabajador figura en su análisis como "beneficiario" o "prestatario", el propietario como "benefactor" o "prestador" y la misma relación de producción como "institución", o "forma jurídica singularmente flexible, capaz de aplicarse a varias capas sociales y circunstancias económicas" (p. 44). En el plano de las relaciones familiares es innegable que si hay préstamo la cuestión puede ser resuelta con la explicación que ofrece Góngora. El problema que queda irresuelto es que si este préstamo representa una relación de producción que sostiene progresivamente la economía nacional ya no se le puede explicar como un simple contrato homólogo al que existe entre familiares o personas de mutua confianza que se prestan inmuebles. Por ende, en tanto la sociedad produce a escala ampliada de acuerdo a esta "institución", no se trata de un vínculo común a "varias capas sociales" sino de una relación entre clases, una que no tiene propiedad y otra propietaria. Las "circunstancias económicas" son las que deben determinarse y en este plano es inadmisible plantear que es la misma relación la que liga al propietario con un sobrino, por ejemplo, y la que supedita al poseedor con ese propietario, reduciendo al sobrino y al explotado a la categoría de "beneficiario".
De la quincena de casos recogidos por Góngora veamos sólo dos, uno en donde no habría obligaciones y otro en donde sí. El primero muestra la relación entre Jusepe Vásquez (propietario) y Andrés Núñez (prestatario), en Viña del Mar, 1670. Este es un caso de préstamo o tenencia "de limosna" sin obligaciones, según Góngora, la cual "significa su completa gratuidad" (p. 40). Tomemos la relación tal cual el historiador la exhibe: el trabajador nada le paga al propietario y éste nada le paga al trabajador. ¿La gratuidad supone un producto cuyo valor no se ha pagado o la carencia de valor del producto? Bajo la idea de gratuidad el historiador está omitiendo la relación de producción y, por tanto, de clase, que aquí se expone, cuanto más significativa si se repara en que las tierras se encontraban sin producir y que su productividad surge a partir de la transformación de un trabajador libre en trabajador poseedor; es más, Góngora está mostrando una relación entre sujetos igualados en la gratuidad. El poseedor, Núñez, debería pagar renta, desde este punto de vista la renta le sería gratis si no hay pago. ¿Qué debería pagar el propietario? Un jornal o salario, o bien hacer lo propio del modo de producción fundado en la propiedad de la tierra, esto es, permitir que el trabajador posea tierra para que éste realice trabajo necesario y subsista con el consumo de los productos que cultive. Lo que el trabajador está produciendo es la misma habitación del terreno. No puede afirmarse, como lo hace Góngora, que este trabajo necesario es gratis para el trabajador, por el contrario, está pagando con trabajo su subsistencia, es decir, está creando un valor que equivale al consumo necesario para la vida de él y su familia. Su sola permanencia en el terreno no la paga al propietario puesto que, en rigor, no se la debe, lo que le debe es la cantidad de producto por sobre aquella que representa su subsistencia. Para habitar la tierra del propietario, el trabajador poseedor antes de pagar la renta, o sea antes de entregar el trabajo excedente o de producir para el propietario, tiene que existir, y el aseguramiento de su existencia corre por su cuenta, no por cuenta del propietario. En contraposición a ello, el asalariado, por ejemplo, paga efectivamente una renta por el lugar donde habita a costa de su salario (trabajo necesario), pero ello implica que le han pagado un salario, una inversión de capital variable, que aquí el propietario de tierra no desembolsará, pues se trata de otra relación de producción. En conclusión sería un puro formulismo identificar trabajo necesario con pago o gratuidad del valor que ese trabajo representa, se estaría presumiendo que el trabajador se adeuda a sí mismo el valor del tiempo de fuerza de trabajo que realiza para sobrevivir, que debería pagar en trabajo su trabajo. En este caso particular, trabajar para el trabajador no es gratis, pero para el propietario es gratis el que le trabajen, lo único que debe hacer es autorizar al trabajador a que se instale en el terreno, el cual, por lo demás, estaba improductivo. Por cierto que esa autorización es otorgada por el propietario con la finalidad que le produzcan, que le paguen renta, o sea, el excedente del trabajo necesario, pero es sofístico desprender de ello que si el poseedor no realiza trabajo excedente o no lo entrega en su integridad es porque vive gratis. La correspondencia entre trabajo necesario y renta de la tierra es incluso más imperiosa para el estudio en este caso donde Góngora pone como características del siglo 17 la escasez de mano de obra y la existencia de terrenos sin cultivar. El trabajo necesario del poseedor tiene en sí y de por sí una significación económica para el propietario, dada no sólo porque el trabajador ocupa la tierra sino porque el propietario necesita que alguien ocupe la tierra, "para asegurarse su derecho sobre un paraje", dice Góngora, incluso si prescindimos de considerar la apropiación del trabajo excedente. En este sentido, cuando el trabajador poseedor, que no paga renta y que únicamente trabaja para sí, está produciendo la ocupación o habitación de la tierra, su custodia. Es apresurado, por ende, derivar en que no existen obligaciones para el trabajador poseedor por el solo hecho de no paga renta o que no existe dependencia.
El segundo caso correspondería a un préstamo con obligaciones, así entendido por Góngora. Manuel de Carvajal (propietario) y Joseph Delgado (prestatario), en Viña del Mar, 1670. "Carvajal (…) le dio autorización para sembrar a la orilla del río, o donde mejor eligiese, con cargo de repuntarle sus ganados, de reunírselos, de modo que no pasaran más allá del linde de su estancia por los Hornillos, y de avisarle si entraba gente a hacer ranchos o a extraer el pangue, una yerba útil para la curtiembre" (p. 41). A la par de revisar un caso de la estancia de Campinche (1718), concluye Góngora que el préstamo se configura "no ya sólo como señal de posesión del estanciero, sino con una tarea determinada e importante dentro de ella, la de custodiar sus límites y cuidar de que los ganados vacunos y caballares, que andaban grandes distancia sin pastor, no se extraviasen. La obligación del futuro inquilino de asistir a los rodeos está en germen en estas faenas de los poseedores por limosna o préstamo (término cuyo uso alterna aquí con 'arriendos'), de fines del siglo XVIII" (p. 42). Las obligaciones de este trabajador serían manifiestamente la custodia de la tierra y la custodia del ganado, estas faenas representarían el germen de la relación de producción que llamamos "inquilinaje". Examinando más detenidamente este planteamiento se evidencia que Góngora intenta demostrar que el carácter social de este trabajo está dado por esas obligaciones constatadas en las fuentes, sugiriendo que no se trataría de un trabajo siervo, pero la pregunta elemental que se suscita a partir de Marx es: ¿ese trabajo está incluido entre las medios de producción de propiedad del latifundista? La respuesta es que sí, el latifundista no se ha apropiado del trabajo que solo representan esas obligaciones explícitas sino de toda la fuerza de trabajo, por tanto, se trata un trabajo que no es libre y del cual el propietario dispone las 24 horas del día, tanto cuando se realiza el trabajo necesario como el excedente o plustrabajo.
Góngora ha desprendido la existencia de obligaciones cuando las encuentra explicitadas en los documentos, cuando no las encuentra de esa forma deduce la inexistencia de obligaciones. Y puesto que las obligaciones representan el plustrabajo, o más correctamente la apropiación de plustrabajo, el método de Góngora representa la misma pretensión de descubrir la plusvalía explicitada en los actuales contratos entre capitalistas y asalariados. Al renunciar a un análisis acabado, que develaría una forma particular de apropiación de trabajo ajeno y de lucha de clases, Góngora se asombra ante un documento (1684, Paylimo, Colcolchagua) en donde el trabajador poseedor "le asiste en sus diligencias" al propietario: "Es interesante la amplitud de la expresión" (p. 43), sentencia el historiador ante lo que muestra la esencia de una relación de servidumbre.
La distinción de la posesión de un trabajador sometido a relaciones de servidumbre de acuerdo a la existencia o inexistencia de obligaciones no se sustenta más que en las categorías económicas que Góngora ha desprendido de categorías jurídicas. Sin embargo ello no anula la diferencia que el autor ha puesto de manifiesto en el siglo 17 entre un momento embrionario y un momento desarrollado de lo que él concibe como "préstamo de tierras". Las relaciones de servidumbre en sí mismas son el primer carácter a considerar, pues muestran que quienes carecen de propiedad no pueden vender tiempo de fuerza de trabajo pues no existen compradores de esa mercancía. De lo que disponen los latifundistas es de tierra y es con la tierra a través de la cual cogen la fuerza de trabajo de trabajadores sin propiedad, sometiéndola a esa forma de trabajo como propiedad del latifundista y cuya ampliación en la globalidad de la sociedad coincide, hasta cierto punto, con el incremento de la producción desde la segunda mitad del siglo 17, es decir, con el nacimiento de la productividad en tierras que estaban sin cultivar. Éste es el antecedente fundamental. Si no existe un mercado para el trabajo libre es porque no existe una producción que requiera comprar tiempo de fuerza de trabajo.
Si ello es constatado, la pregunta que tendríamos que plantearnos es qué relaciones se establecen entonces para producir, pregunta que a Góngora le es indiferente, así como a otras historiografías. El incremento de la producción se sostiene, por tanto, una porción de productos que ya no son creados para el consumo individual del trabajador poseedor ni del propietario.
Podemos formular algunas proposiciones en base a lo estudiado y que hemos también delineado en nuestro libro, Esbozo del Surgimiento del Capitalismo y de la Clase Obrera en Chile. El incremento de la producción general entre los siglo 17 y 18 ha supuesto que una significativa masa de indígenas libres, mestizos libres y españoles libres, como los ex-soldados, ha transitado del trabajo libre al trabajo siervo, o en otros términos, desde una forma de trabajo que no estaba incluido en la propiedad del latifundista a un trabajo que ahora es parte de esa propiedad. En este sentido sería equívoco presuponer que el trabajo siervo es una forma que sólo corresponde a la que encontramos en la Edad Media, por el contrario, el proceso chileno, y no sólo él en América, muestra que el trabajo siervo aparece consolidándose cuando la producción mercantil se encuentra en vías a afianzarse, como condición de ese afianzamiento.
Por esta razón la sucesión de las categorías de renta de la tierra no coincidirá con la sucesión de la rentas reales, pues en los siglos 17 y 18 el trabajo libre no puede existir como valor sino integrándose a la propiedad del latifundista. En el tomo 2 de Grundrisse Marx es enfático ante este problema: "Con el trabajo libre aún no está puesto totalmente el trabajo asalariado" (p.265). En el desarrollo histórico del que tratamos, en tanto más terrenos producen valores de cambio, más propietarios requieren trabajo, necesidad que satisfacen no comprando tiempo de fuerza de trabajo, sino instalando en sus terrenos a poseedores que pagan renta. La expansión del valor de cambio trascurre a la par de la expansión de las relaciones de servidumbre, por lo que al incluirse el trabajo a los medios de producción del latifundista en tal marco se desarrolla la forma de valor del trabajo así como la forma de valor de los productos que se apropia el latifundista. Muchos aspectos de este desenvolvimiento contradictorio ya se encuentran en la renta que paga el trabajador indígena encomendado y de una manera más transparente en los indígenas explotados en la minería que produce exclusivamente para el mercado. En consecuencia no existe un muro entre la encomienda y el inquilinaje, como lo estima Góngora, quien intenta probar que la ferocidad incontestable de la encomienda ha sido superada por el inquilinaje en virtud del cual trabajadores libres han concurrido libremente ante su patrón, el que prácticamente lo favorecería prestándole tierras. Basta con reparar en ello para observar la teleología de la libertad progresiva que intenta construir Góngora, la que iría desde la encomienda al inquilinaje y de éste a la moderna clase trabajadora, más libre aun, consignándose así al capitalismo como una conquista que la patria toda ha alcanzado. Al margen de esta metafísica, que no nos impide reconocer en este historiador su aportación al estudio de la lucha de clases, lo que podemos señalar es que la producción mercantil, y por tanto, la producción capitalista que se anida en ella, tiene en el poseedor de tierra, el inquilino, una de las bases reales de su desarrollo. Por ello no debería sorprendernos encontrar un significativo margen de trabajo no libre ni asalariado en la agricultura de los siglo 19 y 20, cuando la maquinaria cobra relevancia innegable; en el texto citado, el tomo 2 de Grundrisse, Marx establece: "De que la maquinaria sea la forma más adecuada del valor de uso propio del capital fijo, no se desprende en modo alguno, que la subsunción en la relación social del capital sea la más adecuada y mejor relación social de producción para el empleo de la maquinaria" (p. 222).
En consecuencia, la sucesión de las categorías, por lo general, no coincidirá con la sucesión de las relaciones reales que se dan en las distintas sociedades, pues en toda economía se presentará la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, tal contradicción que las relaciones que nos representamos en las categorías en sí mismas son antitéticas y que las categorías no pueden significar una armonización de ese carácter contradictorio. "Setenta eminencias como Marx no bastarían para abarcar la suma de esas modificaciones –plantea Lenin, en torno a un problema de este cuño, en Empiriocriticismo y Materialismo Histórico- Todo lo más que se ha podido hacer es descubrir las leyes de estas modificaciones y demostrar en lo principal y fundamental la lógica objetiva de estas modificaciones y de su desarrollo histórico".El paso del trabajo libre al trabajo siervo, o el tránsito de la renta en dinero a la prestación personal, no invalida el desarrollo de las relaciones capitalistas en nuestro país, por el contrario, determinan las particularidades de su origen y despliegue histórico, y en este sentido las categorías marxistas permiten explicar esas particularidades en su ligazón con la marcha general del proceso de clases. "Con todo, y a pesar de las limitaciones derivadas de sus características, -propone Hernán Ramírez Necochea- el capitalismo chileno poseyó vigor y capacidad de expansión, lo que situó a Chile en una posición de avanzada desde los puntos de vista económico-social, político y cultural entre los países latino-americanos. Fue, además, lo suficientemente fuerte para producir la vertebración económico-social de las diversas secciones del país -incluido el antiguo territorio araucano- y aun para impulsar una suerte de expansión interna que, por sus limitaciones, contribuyó a generar problemas limítrofes (…) De un modo un tanto confuso e informe, como es propio de una sociedad que comienza su evolución capitalista, emergía una burguesía compuesta de mineros, comerciantes, banqueros, algunos industriales y agricultores" (p.24). Precisamente ese modo "confuso e informe" es el que nos posibilita desentrañar el estudio de las categorías y proyectar la senda que Ramírez Necochea abrió en la conciencia de la clase obrera chilena y para esa conciencia.















Textos citados

Almeyda, Clodomiro. El más eminente pensador de nuestro tiempo. (Intervención en la Conferencia Científica Internacional "Marx y nuestro tiempo", Berlín, abril de 1983),en: Pensando a Chile, Ed. Terranova, Chile, 1986
Horvitz, María Eugenia. La transición al capitalismo en Chile. Problemas metodológicos e históricos, en: Revista Araucaria de Chile, n° 24, Madrid, 1983
Lenin, Vladimir Ilich Ulianov. "El Empiriocriticismo y el Materialismo Histórico", en: Obras Completas, tomo 18, Ed. Progreso, Moscú, 1983
Marx, Karl. El Capital. Crítica de la Economía Política, trad. Wenceslao Roces, Fondo de Cultura Económica, México, Libro Primero (1971)
--------------; El Capital. Crítica de la Economía Política, trad. Floreal Mazía, Editorial Cartago, Argentina, Libro Segundo (1973)
--------------; Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858, Edición de José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scarón, trad. Pedro Scarón, Siglo XXI Editores, México. Tomo I (2007), Tomo II (2005)
Ramírez Necochea, Hernán. Origen y formación del Partido Comunista de Chile, Ed. Progreso, Moscú, 1984
Salazar, Gabriel. Labradores, peones y proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena en el siglo XIX, Ediciones Sur, Chile, 1989







En Cumbre de los Pueblos presentan Tercer Informe sobre Derechos Humanos en Chile

Elaborado por un conjunto de organizaciones de la sociedad civil:

En Cumbre de los Pueblos presentan Tercer Informe sobre Derechos Humanos en Chile

  • Déficits institucionales, de representación y de participación política; discriminación de grupos vulnerables; grave afectación ambiental y del derecho al agua; incremento de la violencia policial y restricciones al derecho de manifestación, son algunos de los temas más sensibles abordados por el informe.

Por Paulina Acevedo, Observatorio Ciudadano, 27 de enero de 2013

Un negativo balance respecto de progresos en el reconocimiento jurídico y la vigencia efectiva de derechos individuales y colectivos reconocidos en los tratados internacionales ratificados por estado chileno arrojó el Tercer Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Chile, el que fue presentado en el marco de la Cumbre de los Pueblos de América Latina, el Caribe y Europa, que se desarrolla en forma paralela a la reunión de presidentes de CELAC-UE.

José Aylwin, co director del Observatorio Ciudadano y consejero del Instituto Nacional de Derechos Humanos, comenta que "el informe este año da cuenta de una situación de desprotección en múltiples ámbitos y pone énfasis en los derechos de los sectores más discriminados, como son pueblos indígenas, migrantes, mujeres, niñas y niños, adultos mayores y la diversidad sexual, dada la incapacidad del estado chileno de avanzar hacia marcos jurídicos adecuados, por un lado, y hacia políticas públicas que los implementen, por el otro".
La extrema vulnerabilidad en que encuentran los derechos económicos, sociales y culturales en Chile, fue también destacado como uno de los temas graves, lo resulta "incomprensible para un país que se presenta asimismo como próximo a alcanzar el desarrollo", señala el informe en sus reflexiones finales.  Al respecto, Martín Pascual, miembro del directorio de Acción A.G. y CENDA, aclaró "que (este informe) es una forma de enfrentar esta marea exitista, todo este cinismo que se establece en torno a las cifras, como las del empleo, todos muy precarizados y que no obstante es planteado como una herramienta para acabar con la pobreza.  La importancia de este informe es mostrar estas realidades, hacer contraloría de lo que el estado plantea", concluyó.

Por primera vez el informe incorpora un capítulo específico para analizar avances en torno al derecho a la educación, ello a la luz del debate que se ha abierto sobre la necesidad de garantizar su calidad y gratuidad, sin que se perciban mayores cambios.  René Varas, miembro del Foro Nacional por la Educación, aseguró que "este año, en términos generales, no ha habido modificación alguna al sistema educacional, el que sigue concebido como una mercancía, ajeno a toda noción de derecho, y caracterizado por prácticas discriminatorias institucionalizadas en todos los niveles.  Ello principalmente a través de las formas de selección de los estudiantes y el pago o cancelación que se hace por educación, lo que ha ido generando la segregación de los estudiantes en distintos tipos de instituciones".&nb sp; 

Varas agregó que tampoco ha existido voluntad de diálogo, pues "el movimiento estudiantil ha plateado estos problemas y entregado propuestas concretas de superación, éstos no han sido escuchados, sino más bien criminalizados en su protesta", denunció.

En cuanto a la implementación de la Convención de Derechos del Niño de Naciones Unidas, la representante de ACHNU, Francis Valverde, recordó que "Chile es el único país en América Latina que no tiene una ley de protección de derechos -o códigos especiales, como ocurre otros países- para todos los niños, niñas y adolescentes".  Ello, a pesar de que el Comité de Derechos del Niño de la ONU le ha planteado al estado en sus tres últimos informes la inconveniencia de que Chile no tenga una adecuación legislativa y judicial a la Convención".  

Valverde argumenta que "por eso la sociedad decidió organizarse y armar una propuesta concreta de proyecto de ley de 35 páginas", las que fueron trabajadas en reuniones semanales sucesivas entre autoridades de gobiernos, Unicef y organizaciones vinculadas a los derechos de la niñez y adolescencia.  Pero el ejecutivo incumplió su compromiso de presentar al Congreso esta propuesta consensuada, y en lugar de ello la "redujo a seis páginas, arguyendo que tenía muchos derechos y pocos deberes, lo que da cuenta que el estado entiende nada de derechos humanos".

Por su parte Alejandro Reyes, del Programa de Personas Mayores de la ONG CEC, advirtió que la población chilena está envejeciendo rápidamente, lo que constituye un desafío para las políticas públicas, pero también para la forma en que el estado y la sociedad les reconoce.  "Hoy en día existe en el país un 16% de población mayor de 60 años", a los que se suman cerca de cien mil personas que cada año ingresan a engrosar este grupo etáreo. Comenta además que "existen directrices internacionales, lo que se llama el derecho blando, emanadas de tres conferencias de América Latina y el Caribe en torno a lo que es asumir el envejecimiento de la región como un desafío programático de los gobiernos, ninguno de esos importantes derechos donde se instala los derechos humanos como prioridad ha si do asumido en nuestro país.

Finalmente, en las palabras de cierre de la presentación, José Araya, coordinador del Programa de Ciudadanía e Interculturalidad del Observatorio Ciudadano, reiteró que "el gran desafío es modificar la institucionalidad y la Constitución de 1980, para cambiar las desigualdades existentes en el país.

Capítulos del informe y suscriptores

Un total de 16 capítulos forman parte del informe este año: Violaciones de DerechosHumanos cometidas bajo la dictadura militar; Derecho a la Justicia, Política criminal y Derechos Humanos; Derechos políticos y ciudadanos; Derechos de los Pueblos Indígenas; Derechos de las mujeres; Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes; Derechos de las Personas Mayores, Diversidad sexual y Derechos Humanos; Derechos de los y las migrantes; Derecho al MedioAmbiente; Derechos de Agua; Institucionalidad de Derechos Humanos; Derecho a la ProtestaSocial; Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Derechos Laborales; Derecho a laEducación y Empresas y Derechos Humanos.

Suscriben el Informe y son responsables de su redacción: ACCIÓN A.G., ACHNU, Asesorías Ciudadanas, CENDA, Chile Sustentable, Centrode Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales, Corporación Humanas, Foro Nacional por la Educación, Movilh, Observatorio Ciudadano, ONG CEC (Programa Personas Mayores) y Terram.
Descargar Informe http://observatorio.cl.pampa.avnam.net/sites/default/files/biblioteca/tercer_informe_ddhh_sociedad_civil_2012_final.pdf

Ver video preparado por Alejandra Andino e Isha Veloso
http://youtu.be/-X0gF9JO64A




 

sábado, 26 de enero de 2013

Actividades y Programa final 2o Congreso Nacional de Barrios y Zonas Patrimoniales

Estimad@s vecin@s y amig@s del Patrimonio:

Les contamos que han confirmado su participación en el Congreso, el Alcalde de Los Vilos Manuel Marcarián, el Alcalde de Coquimbo Cristian Galleguillos,  el Alcalde de Canela Bernardo Leyton, la Alcaldesa de Santiago Carolina Tohá, el Alcalde de La Serena Roberto Jacob, la Alcaldesa de Providencia Josefa Errázuriz y el Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, Emilio de la Cerda. Además participarán la Concejala de Santiago Loreto Schnake, la Concejala de La Pintana Claudia Pizarro y el Concejal de La Reina Pedro Davis. 

Junto a ello, les informamos de actividades y Programa Definitivo del Segundo Congreso Nacional de Barrios y Zonas Patrimoniales que se realizará en La Serena (Sede Universidad Santo Tomás ubicada en Ruta 5 Norte #1068) desde el 25 al 27 de Enero de 2013:

1.- Les confirmamos la inscripción de 50 ponencias hasta la fecha.
Ver programa de ponencias que se han inscrito en: http://www.comunidadesdelpatrimonio.cl/noticias/index.php/74

2.- Se han inscrito 156 personas para participar de La Serena, Los Vilos, Ovalle, Santiago, Arica, Talcahuano, Tomé, Los Andes, Illapel, Concón, San Felipe, Alto del Carmen, Petorca, Chillán, San Pedro de la Paz, Vicuña, Punta Arenas y Valparaíso.
Si todavía no te inscribes, envía la ficha adjunta con tus datos a patrimoniodechile@gmail.com 

4.- 45 organizaciones están convocando u organizando hasta la fecha. 
Si tu organización todavía no adhiere a la convocatoria, envía un correo a patrimoniodechile@gmail.com 


Nos vemos el viernes 25 de enero de 2013 en La Serena.

Atentamente, 
Rosario Carvajal
Presidenta

--
Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales

Web: www.comunidadesdelpatrimonio.cl
Correo: patrimoniodechile@gmail.com
Facebook: Comunidades del Patrimonio
Twitter: @chilepatrimonio



 

En medio de las llamas: violencia e historias en territorios mapuches


19 de Enero del 2013 5

En medio de las llamas: violencia e historias 


en territorios mapuches



Luis Carcamo Huechante. Ph.D., Universidad de Cornell; miembro de la Comunidad de Historia Mapuche; profesor asociado titular en la Universidad Texas en Austin, EE.UU.

La historia de cuerpos humanos pulverizados por el fuego en el sur del país no comenzó el 4 de enero. Basta citar un testimonio de principios del siglo XX, en el cual el lonko Pascual Coña, en su "Testimonio de un cacique mapuche", cuenta lo siguiente: "También oí decir que en Nehuentue, al otro lado del río Cautín, había un chileno de nombre Patricio Rojas. Ese monstruo tomó presos a los mapuches, los encerró en una ruca y la atrancó. Luego prendió fuego a la ruca y exterminó a los indígenas en las llamas".

Basta esta imagen para develar la violenta historia del arribo de colonos criollos, alemanes y de otras raíces europeas en tierras Mapuche, bajo el amparo del Estado chileno y su ejército entre 1862 y 1885. Basta esta imagen para captar que la repudiable muerte del matrimonio Luchsinger-MacKay constituye un eslabón en una violencia que históricamente ha marcado la región. Basta esta imagen para darnos cuenta que el "terrorismo" lo comenzó el Estado chileno en la segunda mitad del siglo XIX, cuando invadió militarmente territorios Mapuche, amparando militar y paramilitarmente el arribo de colonos extranjeros y criollos a establecer fundos desde el Bío-Bío hasta Osorno. Esta es la oscura historia que nos desgarra a mapuches y a chilenos, no producto de animosidades "intrínsecas" entre pueblos —lo que sería burdamente racializar el asunto— sino de las políticas de las elites en sus afanes de "lucrar" en el gran negocio de expandir el estado-nación.
El pasado 4 de enero aparecieron en los medios los representantes gubernamentales con una actitud que, una vez más, evocaba a los oligarcas del siglo XIX, anunciando su política de "ataque frontal". Asimismo, sus más altos personeros prontamente visitarían el sector de Vilcun. Me pregunto, ¿se hizo el mismo gesto a nivel estatal cuando fue asesinado el joven mapuche Alex Lemun y muerto Zenón Díaz Necul bajo el gobierno del ex Presidente Lagos? ¿Hizo lo mismo el gobierno de la ex Presidenta Bachelet cuando fue asesinado el joven Matías Catrileo en el mismo sector de Vilcún, por una bala del arma del cabo Walter Ramírez, quien resguardaba la propiedad de Jorge Luchsinger, miembro de la familia hoy en el epicentro de los hechos?
En estos días, se ha optado, sin embargo, por el lenguaje precipitado y encendido —como se dramatiza en los ministros Chadwick (Interior) y Mayol (Agricultura)—, optándose por la lógica policial del "ataque frontal": un deseo de guerra y sangre del que largamente han profitado las elites de este país. Las "llamas" de una violencia histórica no se apagan con más fuego.

¿Han hecho lo mismo los gobiernos de la Concertación y la actual administración del Presidente Piñera y la Alianza cuando se ha sabido de la inhumana represión sobre mujeres, niños y niñas, ancianas y ancianos y familias mapuches en zonas de "conflicto" donde muchos y muchas personas mapuches han terminado en hospitales, indiscriminadamente en manos policiales o sometidos a largos encarcelamientos? ¿Por qué personeros del Gobierno hoy hablan de "víctimas de la violencia" para referirse exclusivamente a los "agricultores" de la zona, ignorando la suma de violencias perpetradas contra el pueblo mapuche desde el Estado chileno?
La política de "ataque frontal" anunciada el 4 de enero por el Gobierno actual en Chile ha puesto el énfasis en una respuesta efectista para complacer al sector para el cual este gobierno parece exclusivamente "actuar": los dueños de fundos y el empresariado chileno y transnacional de la industria forestal. Allí, al seno de los círculos locales ligados a estos sectores, de seguro que ya se sienten validados para incentivar grupos paramilitares y amenazar con acciones revanchistas al margen de la tan mentada "ley" del propio Estado. Cabe preguntarse, ¿cuál es la responsabilidad de un gobierno en estas circunstancias?
Es repudiable lo ocurrido al matrimonio Luchsinger-MacKay. Es urgente determinar las causales de sus decesos, pero asimismo es hora que se haga justicia con nuestros muertos mapuches, como asimismo con otras tantas muertes que, en un contexto de hostilidades chileno-mapuche, han quedado en una nebulosa desde el 2001 a la fecha. No me corresponde indicar soluciones aquí porque repetiría el error que se ha venido cometiendo en torno a la problemática, cual es lanzar soluciones "desde arriba". La implementación de efectivos mecanismos de consulta y diálogo es ineludible, siguiendo lo que, en estas materias, importantes referentes de la juridicidad internacional establecen, como el Convenio 169 ya suscrito por el propio Estado chileno. En otras palabras, antes de decidir desde las altas esferas el qué hacer, importará mucho el cómo se establecen las condiciones para un debate en varios niveles, con las diferentes comunidades, en forma multilateral y abierta. El gran error de las administraciones de la Concertación y del actual gobierno ha sido el autoritarismo estatal, al imponer marcos institucionales demarcados a conveniencia, decidiendo verticalmente con quiénes hablar y con quiénes no, erigiendo "representantes mapuches" funcionales a sus predefinidas agendas, repitiendo así una larga tradición de clientelismos y relaciones coloniales en la cultura política chilena. De seguro que, con nuevos métodos pluralistas de debate, con respeto a las tradiciones nuestras del trawün, todo tomará más tiempo, a lo mejor más de un gobierno, dadas las dimensiones históricas de la realidad en juego. Pienso que este sería definitivamete un camino más efectivo y duradero.
En los acontecimientos recientes nos hemos visto enfrentados no solamente a un aislado hecho de violencia sino que a una serie mayor, a una tragedia aún más grande: la realidad de una violencia histórica y un pueblo mapuche siempre postergado, ante gobiernos chilenos que eluden una y otra vez la desgarrada historia que subyace tras estos hechos y que requiere enfoques de mediano y largo plazo. En estos días, se ha optado, sin embargo, por el lenguaje precipitado y encendido —como se dramatiza en los ministros Chadwick (Interior) y Mayol (Agricultura)—, optándose por la lógica policial del "ataque frontal": un deseo de guerra y sangre del que largamente han profitado las elites de este país. Las "'llamas" de una violencia histórica no se apagan con más fuego.
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miércoles, 23 de enero de 2013

Programa 2o Congreso Nacional de Barrios y Zonas Patrimoniales en La Serena. Participa

Estimad@s vecin@s y amig@s del Patrimonio:

Les contamos que han confirmado su participación en el Congreso, el Alcalde de Los Vilos Manuel Marcarián, el Alcalde de Coquimbo Cristian Galleguillos, la Alcaldesa de Santiago Carolina Tohá, el Alcalde de La Serena Roberto Jacob y la Alcaldesa de Providencia Josefa Errázuriz. Además participarán la Concejala de Santiago Loreto Schnake y el Concejal de La Reina Pedro Davis. 
Por confirmar la participación del Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, Emilio de la Cerda, y del Alcalde de Chillán Sergio Zarzar. 

Junto a ello, les informamos de los avances al 21 de enero de 2013 del Segundo Congreso Nacional de Barrios y Zonas Patrimoniales que se realizará en La Serena (Sede Universidad Santo Tomás) desde el 25 al 27 de Enero de 2013:

1.- Les confirmamos la inscripción de 47 ponencias hasta la fecha.
Ver programa de ponencias que se han inscrito en: http://www.comunidadesdelpatrimonio.cl/noticias/index.php/74

2.- Se han inscrito 135 personas para participar de La Serena, Los Vilos, Ovalle, Santiago, Arica, Talcahuano, Tomé, Los Andes, Illapel, Concón, San Felipe, Alto del Carmen, Petorca, Chillán, San Pedro de la Paz, Punta Arenas y Valparaíso.
Si todavía no te inscribes, envía la ficha adjunta con tus datos a patrimoniodechile@gmail.com 

4.- 35 organizaciones están convocando u organizando hasta la fecha. 
Si tu organización todavía no adhiere a la convocatoria, envía un correo a patrimoniodechile@gmail.com 


6. Alojamiento.
Las 12 personas que se inscribieron llamar el martes 22 de enero de 2013 a José Osorio al 8-1748484.
Las personas que no se inscribieron en el plazo estipulado, se adjunta lista de posibles alojamientos para que gestionen.

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31 CONSEJO CIUDADANO DEL PATRIMONIO (SUSPENDIDO HASTA MARZO)

Por problemas de AGENDA de la Alcaldesa de Santiago y debido a que tenemos la realización del Segundo Congreso Nacional de Barrios y Zonas Patrimoniales, el Consejo Ciudadano del Patrimonio programado para el Jueves 24 de enero de 2013, a las 18 horas, en la Casa Colorada fue SUSPENDIDO.

La reunión REAGENDADA en la Comuna de Santiago se realizará el 29 de marzo de 2013 a las 18:30 hrs. en la Casa Colorada ubicada en Merced 860 (Metro Plaza de Armas) y contará con la presencia de Carolina Tohá.

En todo el país han iniciado su gestión las nuevas autoridades municipales, donde uno de los temas relevantes en propuestas y programas fue la protección de los barrios y el patrimonio, situación que hace 4 años -en la elección pasada- no apareció con tal fuerza en el debate público. Y eso es mérito de todas nuestras organizaciones que ahora preparan sus actividades frente a los nuevos gobiernos comunales.

En la reunión tendremos una tabla que se dividirá en:

1. Saludo de Alcaldesa Carolina Tohá.
2. Acuerdos 2o Congreso Nacional de Barrios y Zonas Patrimoniales que se realizará el 25, 26 y 27 de Enero de 2013 en La Serena. 
3. Seguimiento y propuestas de trabajo patrimonial en Municipios del país. Saludamos la creación de Unidades Técnicas de Patrimonio en Municipalidad de Providencia y Santiago.
4. Seguimiento a conflictos patrimoniales.
(Inscribir temas en patrimoniodechile@gmail.com
5. Preparación Día del Patrimonio.
6. Varios

Los invitamos a acompañarnos en esta importante e histórica reunión para seguir proyectando las luchas por la defensa del patrimonio cultural y natural del país.

Confirmar asistencia a patrimoniodechile@gmail.com

Nos vemos el viernes 25 de enero de 2013 en La Serena.

Atentamente, 
Rosario Carvajal
Presidenta

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Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales

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A 160 años del nacimiento de José Martí, con todo y para el bien de todos: Jaime Quezada, Poeta y Escritor Chileno





Enero del 2013 23

A 160 años del nacimiento de José Martí, con todo y para el bien de todos: Jaime Quezada, Poeta y escritor Chileno


Jaime Quezada "JOSÉ MARTÍ A 150 AÑOS DE SU NACIMIENTO CON  TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS" Salón de HonorUniversidad de ChileSantiago 28 de Enero de 2003

Con todos y para el bien de todos.
(Martí)

I
"¿En qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América?", se preguntaba Martí, el hombre Martí, el patriota Martí, el poeta Martí, el visionario Martí, por 1891, año tutelar de Nuestra América, su texto fundamental de integración americana.  "Por eso vivimos aquí –se respondía-, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla". Y en esa frase, "para servirla y honrarla",  está, sin duda, su resuelta identidad americana y su visionario compromiso con las realidades contingentes patrias: con su patria nutricia de su Cuba, y con su patria plural de su América.¿No se llamaba también Patria el periódico que fundó, para fomentar y proclamar la virtud donde quiera que se la encuentre y difundir su americanidad en el Nueva York de su residencia de esos años?

No sólo el autor de una obra literaria-poética iniciadora de modernismo y el autor de encendidas proclamas en lo mejor del siglo XIX (con proyección al XX y al XXI), sino que a la par, también, un hombre-ciudadano en su tiempo y en su  ahora y en su porvenir. Se diría, conciencia viva de una época que resume en sus versos y ensayos, en sus arengas y elocuentes discursos, el ritmo vital de su Cuba, la faena de una América y la visión del mundo.

Madre América llamó, también,  a nuestras repúblicas en una de sus permanentes preocupaciones que siempre, en todo momento y lugar, tuvo Martí por las cuestiones inmediatas y quemantes no sólo de su Cuba natal ("yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre"), sino también en el saber conocer y gobernar los países de nuestro Continente, como único modo de librarlo de tiranías.

José Martí (1853-1895), que nos nace en una Cuba en pleno dominio-colonia de España, en la mitad ecuatorial misma del siglo XIX,  no estará ajeno a los acontecimientos independentistas, educacionales, sociales, literarios, artísticos, periodísticos, revolucionarios e ideológicos que le tocó vivir tanto en sus fervorosos años  mozos de su permanencia en Cuba como en los otros intensos muchos de su errancia-destierro por el mundo.

Tales sucesos no lo iban a dejar indiferente estuviera donde estuviera: en La Habana de su adolescencia asistiendo al advenimiento de aquella guerra primera por la independencia de su patria;  en el México de Porfirio Díaz y los desmanes políticos de 1876;  en la Guatemala de su profesorado normalista;  en la Venezuela de su refugio americano, llegando a Caracas sin preguntar dónde se comía ni dónde se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar, ese hombre sagrado de libertad.

Así nacerán sus lacerantes y elocuentes e indesmentibles discursos- artículos-arengas (verdaderos ensayos de pasión y de verdad) que testimonian, no sólo un hablar y un escribir ese hablar por su voz, sino un denunciar y poner en alerta a un Continente, y hacer conciencia en las gentes-habitantes de ese Continente:  "Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada; las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra".

Y no sólo en la página escrita para el periódico o la revista del Continente, también, y por sobre todo, en las reuniones y asambleas entusiastas de la Sociedad Literaria Hispanoamericana, en Nueva York. O en el Liceo Cubano de Tampa. O en la Conferencia Internacional Americana de Washington (diciembre 1889). O en el Hardman Hall, de Nueva York. Y, en fin, aquí y allá, expresará su pensamiento cubano y americanista y su acción independentista sin titubeo alguno, sin metáfora y sin retórica. Las páginas de Nuestra América, ese texto magno de cartabón e identidad  de lo americano, están llenas de ese pensamiento y de esa acción, y en sus convocatorias de acercamiento mutuos : "Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, han de encajar, de modo que sean una,  las dos manos".

Preocupado siempre del destino de su Cuba ("donde esté mi deber mayor, adentro o afuera, allí estaré yo"),  José Martí siente esos patrios pulsos nacionales como una tarea histórica, como una urgencia de los tiempos. Hay en ella un apego profundo por la voluntad de una Cuba con sentido moral, que es su honra y su orgullo. "El deber de un hombre está allí donde es más útil. Que si caigo, será también por la independencia de mi patria", le dirá en carta a su madre, con la verdad y la tristeza de un hijo,  y confesándole "que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza".

He ahí la ternura de Martí aún en la hora más compleja y difícil. No son inútiles la verdad y la ternura en él. Con razón su lema de vida y de batalla era siempre: Libertad sin odio, libertad sin ira.

Los juicios de Martí, en su oralidad o en su expresa escritura, tienen así la energía (y también esa ternura) que da la sobriedad y la verdad de su lenguaje, amén de una notable belleza de idioma en su castellano más rotundo.  Por sus discursos, manifiestos, artículos y textos varios, que hacen su literatura, su ideario, su pensamiento y su acción,  va y viene la historia sin mito de nuestros pueblos totales.

II
"Ya sabrá el mundo lo que tú eres",  expresa Rubén Darío –su contemporáneo- hablando de José Martí. El muy celebérrimo y azul modernista poeta nicaragüense, que conoció a Martí en el Nueva York de 1893,  en pleno y arduo apogeo de activismo revolucionario hacia la causa independentista de Cuba, y que lo admiraba mucho, y que leía su prosa periodística en los diarios del Continente, esa prosa martiana profusa, llena de vitalidad y de color, de plasticidad y de música, nos caracteriza toda una muy reveladora estampa -modus y animus- de la personalidad del patriota cubano:

"Era de temperamento nervioso, dice. Delgado, de ojos vivaces y bondadosos. Su palabra suave y delicada en el trato familiar, cambiaba su raso y su blandura en la tribuna por los violentos cobres oratorios. Era orador, y orador de gran influencia. Arrastraba muchedumbres. Su vida fue un combate. Su cultura era proverbial. Su honra intacta y cristalina. Nunca la lengua nuestra tuvo mejores tintas, caprichos y bizarrías. Quien se acercó a él se retiró queriéndole", recuerda, sin fabulación alguna, y a pesar de sus profanas prosas, el autor de Cantos de  Vida y Esperanza.

III

José Martí, un muchachito ilustrado en su enseñanza primera por un maestro cubano, tan hombre de letras como patriota (Rafael María de Mendive), que se leía a su Byron y a su Shakespeare, que hojea su ojo por  páginas de textos de historia antigua,  tiene 15 años aquel octubre de 1868 cuando estalla la guerra cubana contra España (guerra que se extendería por una maltratada década), y el muchachito Martí clandestinamente escribiendo balbuceantes versos  que adhieren a la "causa de Yara", reclamando también el derecho de Cuba a su independencia. Cuba era, con Puerto Rico, la última colonia española en el Nuevo Mundo. Aquellos versos-proclamas –escritos expresamente para la patria- le traerían tempranamente no pocos  maltratos y pesares pero, a su vez, determinarían casi proféticamente, su moral,  su conciencia, y su destino.

Condenado a cárcel y a trabajos forzosos en las canteras de La Habana, su ciudad natal, pues allí había nacido un 28 de enero de 1853, hace hoy redondamente 150 años y, luego, a  la pena de destierro a la mismísima España, no perderá su temple y su fe fuertemente patriótica a pesar del garrote vil del sufrimiento: "Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir", le dirá en carta a  su maestro Mendive. "Y si he tenido fuerzas para tanto y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente hombre, sólo a usted lo debo y sólo a usted es cuanto de bueno y cariñoso tengo".

Y Martí es, por entones,  un  joven que llega recién a sus veinte de edad, pero convencido de que en América, "está ya en flor la gente nueva, que pide peso a la prosa y condición al verso, y quiere trabajo y realidad en la política y en la literatura". Por sobre todo convencido, también, de aquellas otras rotundas palabras que pone en boca del  Padre Las Casas, el misionero por excelencia, salido de un cristianismo vertical:: "Porque la maldad no se cura sino con decirla, y hay mucha maldad que decir, y la estoy poniendo, en latín y en castellano, donde no me la pueda negar nadie".

Piénsese que Martí vivirá años después, desde 1881 hasta los meses iniciales de 1895 (cuando sale al llamado definitivo de su patria), nada menos que en los Estados Unidos. Y en los Estados Unidos de la persistente doctrina Monroe –"América para los americanos"-, tan en boga y duradera, y en un momento en que aquella nación  pasa de su capitalismo premonopolista, al capitalismo monopolista e imperialista que la llevará, inexorablemente, a arrojare sobre el mundo; en primer lugar sobre la América Latina, y en particular sobre Cuba. "El hecho de que su patria permanezca como colonia ostensible agudiza dramáticamente la sensibilidad de José Martí y su compresión de estos problemas, haciéndolo el primer antiimperialista cabal del Continente", apunta el ensayista y poeta cubano Roberto Fernández Retamar.

"Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David", había dicho Martí.

IV

El hombre y su circunstancia tienen en Martí una misma identidad dialéctica, ideológica, activamente: ese amor batallador, en pensamiento y en verdad, que caracterizó su existencia. Ya fundando, por ejemplo, en abril de 1892, el Partido Revolucionario Cubano, ya poniendo en acción, por ejemplo, en marzo de 1895, el Manifiesto de Montecristi: "Éntre Cuba en la guerra con la plena seguridad de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo, por la energía de la revolución pensadora y magnánima y de la capacidad de los cubanos para salvar la patria".

Pero en ese amor batallador no sólo lo político y lo social. También la poesía en el hombre-poeta Martí, en un todo de relevancia y significación de su personalidad heroica, creadora y senstitiva. Su voto o su arte de vida: "Mientras haya un bien que hacer, un derecho que defender, un libro sano y fuerte que leer, un rincón de monte, una mujer buena, un verdadero amigo, tendrá vigor el corazón sensible para amar y loar lo bello y ordenado de la vida" La poesía venía a ser en él una actividad sublime del espíritu y una de las ocupaciones sustanciales de la vida humana.

V

"Ganado tengo el pan: hágase el verso". Martí va entrando en los treinta cuando publica Ismaelillo (1882), su primer e innovador libro, dedicado a su hijo José:  Su único hijo en sus relaciones nupciales con Carmen Zayas Bazán :"Hijo soy de mi hijo / Él me rehace", como escribe en Musa traviesa, uno de los romancillos tantos del iluminador libro. Libro escrito con toda su fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud. Y casi diez años después (1891) –repárese en su no atarantamiento publicante-, aparecerán sus ya clásicos y antológicos Versos Sencillos. Encendido fuego, llama ardiendo de sinceridad y de sentimiento es lo que está en  cada una estas estrofas, cuartetas, coplas, redondillas. "Se imprimen estos versos porque amo la sencillez, y porque creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras", estampa el autor en las palabras liminares a su libro.

Sin duda que los Versos Sencillos han hecho, en buena parte, el halo popular de Martí. Y habría que amarlos por esa razón, también.

Cultivo una rosa blanca,En julio como en enero.Para el amigo sinceroQue me da su mano franca

Y para el cruel que me arrancaEl corazón con que vivo,Cardo ni oruga cultivo:Cultivo la rosa blanca.

Ismaelillo y Versos Sencillos, los dos únicos libros poemáticos publicados en vida de Martí. Y sus libros póstumos,  llamados nada menos que Versos Libres ("arrolladores como una lengua de lava"), y otros llamados Flores del destierro ("versos atormentados y rebeldes, sombríos y querellosos"),  escritos, unos y otros, en lugares y circunstancias muchas –"así como cada hombre trae su fisonomía, cada inspiración trae su lenguaje"-  y centrados en un presente existencial, dejan de manifiesto que la poesía no fue en Martí un oficio lateral o una expresión ocasional de arrebatadas visiones, sentimientos y decires, sino un territorio poético muy acabado y amplio en él. Su oficio-idioma tan virtuoso y tan elocuente en el decir lo suyo más entrañable:

Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar.

VI

De su puño y letra, Martí  escribirá para los niños del mundo su revista La Edad de oro. Revista primera y única dedicada enteramente a aquellos lectores de la infancia: "Para eso se publica La Edad de oro, para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras. Y para que los niños de América sean hombres originales y aprendan a querer la tierra en que viven".

En 1889 Martí  emprende, con esta publicación una tarea con personal ahínco y amor, como todas las suyas, y redacta, página a página esta singular revista, que trasciende lo meramente pueril para hacerse verdaderamente literatura: "Lo que queremos es que los niños sean felices. Y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: "¡Este hombre de la Edad de Oro fue mi amigo!"

VII

Martí, además, deja testimonio en las paginas de los periódicos del Continente de los más cotidianos sucesos y de los más sublimes también. El Martí fervoroso de espíritu y de sentido en el contarlo todo, en el escribirlo buenamente todo... Y contarlo y escribirlo bien, en un dejo mágico de su modo de contar y de saber su idioma, su lengua castellana.

Se diría que nada le fue ajeno en aquel Nueva York que se vivió desviviéndose: desde una exposición de pintores impresionistas a una estampa celebratoria en los setenta años de Walt Whitman. O desde una prosa elegíaca a la muerte de Emerson a la minuciosa y contagiosa descripción de las fiestas neoyorquinas el día inaugural de la Estatua de la Libertad, octubre de 1886: testigo él del acontecimiento: "Los que te tienen, ¡oh libertad!, no te conocen. Los que no te tienen no deben hablar de ti, sino conquistarte".

VIII

Apenas firmado el manifiesto de Montecristi, abril de 1895, aquel que decía "Éntre Cuba en la guerra emancipadora...",  Martí es ya la historia misma en toda su grandeza de amor a la patria y a la libertad. El afán revolucionario en campos y poblaciones es innegable. Martí bien cargado con su rifle al hombro, su machete y su revólver a la cintura. Y a su espalda la mochila con sus mapas de Cuba y su hamaca y sus libros (La vida de Cicerón, entre esos libros). Y a recorrer el Oriente entero de su Cuba , a paso de ansia,  cubierto por su gente., y poniendo en acción esas sanas voluntades.

"Yo muero donde muera el General Martí", grita un combatiente desde lo alto de unas lomas. Y la Libertad en lo azul.

Está muy turbia el agua, escribe Martí hacia las páginas finales de su Diario de Campaña, esas páginas tan libérrimas, tan humanas, tan épicas, tan resplandecientes de ternura. Escritas sin un gesto de malquerencia, sino por la mano y el corazón de un hombre Martí embriagado de amor humano, y de amor patrio.

Dos días después de esa frase –está muy turbia el agua-, 19 de mayo de 1895,  José Martí, en la llanura de Dos Ríos, Provincia de Oriente, muere en combate contra las tropas españolas. Tenía 42 años.

"¡Maestro, qué has hecho!", exclama Rubén Darío en su quejumbre y en su dolor universal el día de la muerte del patriota cubano. Pero el patriota cubano mismo lo había dicho premonitoriamente en su Manifiesto de Montecristi:  "Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, cae por el bien mayor del hombre y en la confirmación de la república moral..." Y en página-carta a la niña María Mantilla Miyares, acaso el testamento de su corazón, le había dicho a manera de despedida: "Y si no me vuelves a ver, pon un libro sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres".

Y Neruda en el canto a los Libertadores de su Canto General: Está en el fondo circular del aire, / está en el centro azul del territorio, / y reluce como una gota de agua / su dormida pureza de semilla. Y definitivamente nuestra Gabriela Mistral, martiana, de Martí total: "Todo es agradecimiento mi amor de Martí, agradecimiento del escritor que es el maestro americano más ostensible en mi obra, y también agradecimiento del guía de hombres terriblemente puro que la América produjo en él, como un descargo enorme de los guías sucios que hemos padecido, y que padecemos todavía".

No sólo a Cuba, entonces, Martí pertenecía, y pertenece, a toda una raza, a todo un continente, ¡pertenecía y pertenece al Porvenir! "Mi porvenir –había dicho Martí- es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor".

Santiago de Chile, 28 de enero, y 2003.

Jaime_QuezadaJaime Quezada: Poeta y escritor chileno. Ex Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile. Actualmente es Director Ejecutivo de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral y Director del Taller de Poesía de la Fundación Pablo Neruda.


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“Sentimos que tenemos una obligación social en cuanto a cultivar un arte”




15 de Enero del 2013 10

Escritores: Julio Piñones, poeta; Luis Eduardo Aguilera, narrador; Héctor Hernán Herrera V. Historiador: "Sentimos que tenemos una obligación social en cuanto a cultivar un arte"


Nota de Prensa, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Región de Coquimbo:Perla Álvarez Callejas - 15.01.2013 - N° 26

En torno a las letras se concentró la reunión que congregó a connotados exponentes regionales, quienes entregaron su visión con respecto a la historia, la narración y la poesía en la actualidad.
Actividad_Lunes_14.01.2013Conocer el proceso que implica la creación de una obra literaria, las fuentes de inspiración y la evolución de los propios autores en su camino a través de las letras, fueron parte de los temas abordados en el Foro "La escritura desde la Región de Coquimbo" que tuvo lugar en la Casa Piñera de la ciudad de La Serena, enmarcado en el Festival ARC 2013 realizada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes – Región de Coquimbo, el Gobierno de Chile, en conjunto con el Gobierno Regional y la empresa minera, proyecto acogido a la Ley de Donaciones culturales.
En la cita, destacados cultores de la literatura regional expusieron a los asistentes sus reflexiones sobre lo que significa plasmar ideas, pensamientos y sentimientos en una obra, mediante un recorrido por sus obras y exposiciones, destacaron la importancia de promover este tipo de instancias en la comunidad.
Para el poeta Julio Piñones, lo anterior radica en que "sentimos que tenemos una obligación social en cuanto a cultivar un arte y en proporcionar a los lectores, a las personas en común en general, un espacio de reflexión, de enriquecimiento que tiene que ver con el espíritu. Lamentablemente, la vida diaria nos obliga a un trabajo bien determinado para lograr esos bienes para la subsistencia, pero también hay un problema serio con la subsistencia espiritual. Situación en que necesitamos algo creativo, algo que nos haga sentir en una esfera diferente a la común.  Y de eso se trata, y creo que es una muy buena iniciativa", destacó el autor de "Travesía".
Por su parte, el Historiador Hernán Herrera se refirió a la oportunidad entregada a los artistas locales en la programación del Festival ARC, agregando que "yo creo que es muy importante el hecho de abrir nuevas puertas a los escritores de la zona, especialmente a los de la zona de Coquimbo, para que se pueda conocer mucho más. Casi todos hacemos un esfuerzo por dar a conocer las historias, la gente que escribe poesía, la gente que escribe crónica, cuentos, la importa radica en que instituciones fiscales como ésta, le están dando un auge que realmente lo respeto y lo alabo, por el hecho de estarlo haciendo".

Finalmente, el narrador y autor de "El Andén de los Sueños", Luis Aguilera, enfatizó que "esta actividad, hoy día, que está en el marco del Festival de las Artes que organiza el Consejo de la Cultura y que encabeza Matías Awad, ha sido un acierto...Creo que debiera seguirse dando todo esto en diferentes áreas y no sólo con los escritores, yo creo que tal como se está haciendo en este Festival, teatro, música, charlas, en fin, que bueno porque no sólo gana una institución, sino que ganamos la ciudad, gana el Consejo y ganamos todos y esta ciudad, efectivamente, la hacemos cultural".
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Cuarta Declaración de historiadores frente a la cuestión nacional mapuche: entrega en La Moneda, martes 22 de enero 2013, 11,30 hrs.

CUARTA DECLARACIÓN DE HISTORIADORES FRENTE A LA CUESTIÓN NACIONAL MAPUCHE

con lista de firmantes al 19 de enero de 2013


Lugar de encuentro para su entrega en el Palacio de La Moneda:

MARTES 22 DE ENERO, A LAS 11,30 HRS. EN EL MONUMENTO A SALVADOR ALLENDE


CUARTA DECLARACIÓN DE HISTORIADORES RESPECTO DE LA CUESTION NACIONAL MAPUCHE

Al igual que en enero de 2008, agosto de 2009 y septiembre de 2010, cuando emitimos sendas declaraciones a propósito de los asesinatos por la espalda de los comuneros mapuches Matías Catrileo y Jaime Mendoza Collío perpetrados por las fuerzas policiales del Estado y de la prolongada huelga de hambre realizada por presos políticos mapuches, respectivamente, los historiadores que suscribimos esta declaración queremos expresar nuestra preocupación y punto de vista por los últimos hechos de violencia ocurridos en la Araucanía que concluyeron con la muerte del matrimonio Luchsinger-Mackay y desataron una serie de allanamientos a diversas comunidades mapuches. Al mismo tiempo, declaramos lo siguiente:

1. Los hechos de violencia en esa región, que corresponde a una parte del Wallmapu, territorio ancestral del pueblo mapuche, tienen su punto de partida en la mal llamada "pacificación de la Araucanía" realizada por el Estado chileno entre las décadas de 1860 y 1880, en violación de los acuerdos concluidos con los mapuches después de lograda la Independencia (1825). Mediante una prolongada campaña militar, el Estado de Chile ocupó a sangre y fuego la Araucanía y, utilizando los métodos más violentos y crueles, usurpó grandes extensiones de tierra indígena que subastó a bajo precio o regaló a colonos chilenos y extranjeros, confinando a los mapuches en pequeñas y míseras reducciones. La violencia actual, es el fruto de la expropiación e intento de sometimiento de los mapuches por parte del Estado chileno y de los latifundistas nacionales y extranjeros que se beneficiaron del despojo de ese pueblo originario. También es el resultado de la ceguera política de las autoridades del Estado que han hecho oídos sordos a las reivindicaciones mapuches o han implementado políticas meramente asistenciales que no apuntan a corregir las injusticias estructurales de la que son víctimas los mapuches. La violencia actual es el resultado de más de 130 años de injusticias, despojos y negación de derechos.

2. No obstante esta comprensión de las causas estructurales de la violencia en la Araucanía, lamentamos la muerte de esta pareja de empresarios agrícolas, del mismo modo como lamentamos toda pérdida humana, pero advertimos a la opinión pública que no es justo criminalizar a todo un pueblo por un hecho cuyos autores aún no se conocen y que, además ha sido condenado por todas las organizaciones representativas de dicho pueblo. En este sentido, coincidimos plenamente con una reciente Declaración emitida por un grupo de destacados investigadores mapuches especialistas en Ciencias Sociales y Humanidades cuando señalan: "Creemos que las muertes en un conflicto son siempre lamentables. Refuerzan la intensidad de la violencia o la naturalizan como medio de abordaje de los problemas, contribuyen a la radicalización y polarización de las posiciones políticas e ideológicas o conllevan al desarrollo de actos irracionales. Observamos con preocupación las señales emitidas por el gobierno, políticos y gremios empresariales y ciudadanos comunes, en cuyos juicios y opiniones aflora un racismo desde el cual se justifica la aplicación de legislaciones que vulneran los derechos humanos y legitiman e incentivan la violencia policial o paramilitar en contra de los mapuches. La convergencia que manifiestan sectores empresariales, latifundistas y el gobierno en asumir la represión como vía de tratamiento del conflicto no es otra cosa que la actualización de la violencia histórica cuyo origen se encuentra en la imposición del Estado colonial chileno en nuestro territorio mapuche".

3. Consideramos que solo un cambio radical de la posición del Estado y del conjunto de la sociedad chilena frente a la "cuestión mapuche" podrá dar solución efectiva a este conflicto más que centenario. Es necesario erradicar de raíz la discriminación y el racismo del que es víctima este pueblo originario apuntando a las causas de fondo de su malestar. Es preciso, en primer lugar, avanzar hacia un rápido reconocimiento constitucional del pueblo mapuche y de todos los pueblos originarios que pueblan desde hace muchos siglos el territorio de la actual República de Chile. También es preciso construir junto a esos pueblos una fórmula consensuada con el pueblo chileno de autonomía política en el marco de un Estado que debe declararse como plurinacional y pluricultural. Igualmente se impone la urgente adopción de medidas que apunten a la devolución de las tierras usurpadas, la liberación de los presos políticos mapuches, el cese de la represión contra las comunidades, el término de la militarización de la Araucanía y la no aplicación de la Ley Antiterrorista en hechos producidos en el contexto de luchas sociales, reivindicativas o nacionales, la protección de la infancia mapuche amenazada por la ofensiva represiva del Estado, la aplicación irrestricta de las cláusulas del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) suscrito por Chile que concierne a los pueblos originarios, la preservación de la lengua y de la cultura mapuches, entre otras medidas exigidas por las organizaciones mapuches y de defensa de los Derechos Humanos.

4. Manifestamos, una vez más, nuestro apoyo a las demandas del pueblo mapuche porque se sostienen en el legítimo derecho de reclamar del Estado la devolución de las tierras que le fueron expropiadas, el reconocimiento que merece como un pueblo con sentido de identidad propia y el derecho a lograr una mayor participación en la gestación de las políticas que consideren apropiadas para impulsar su desarrollo.

5. Estamos firmemente convencidos que la instauración de un diálogo democrático e igualitario entre todas las partes involucradas en el conflicto que opone al Estado de Chile y los empresarios de la Araucanía, por un lado, y el pueblo mapuche, por el otro, solo puede ser abordado desde el reconocimiento de hechos históricos indesmentibles como son los del violento despojo y violación de derechos del que ha sido víctima el pueblo mapuche desde hace mucho tiempo. Negar, soslayar o minimizar estas verdades históricas solo hará más difícil y doloroso el proceso para la solución de este drama histórico.

La Araucanía - Santiago, 15 de enero de 2013.

Sergio Grez Toso, académico de la Universidad de Chile.
Igor Goicovic Donoso, Director del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile.
Jorge Pinto Rodríguez, académico de la Universidad de La Frontera (UFRO), Temuco, Premio Nacional de Historia 2012.
Pedro Canales Tapia, académico de la Universidad de Santiago de Chile.
Julio Pinto Vallejos, académico de la Universidad de Santiago de Chile.
Augusto Samaniego Mesías, Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile.
Luis Galdames Rosas, Director del Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas de la Universidad de Tarapacá, Arica.
Fabián Almonacid, Director del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile, Valdivia.
Alejandra Brito Peña, Directora del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Concepción.
Beatriz Areyuna Ibarra, Jefa de la Carrera de Pedagogía en Historia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Pedro Rosas Aravena, Director de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.
Mario Garcés Duran, académico de la Universidad de Santiago de Chile, Director de ECO, Educación y Comunicaciones.
Nelson Castro Flores, Jefe Carrera Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales, Escuela de Educación, Universidad Viña del Mar.
Juan Ñanculef Huaiquinao, Jefe Unidad de Cultura y Educación CONADI Dirección Nacional –Temuco.
Carlos Gutiérrez P., Director del Centro de Estudios Estratégicos (CEE-Chile).
Verónica Valdivia, académica de la Universidad Diego Portales.
Carlos Contreras Painemal, académico de la Freie Universität, Berlin, Alemania.
José del Pozo, académico de la Université de Québec à Montréal (UQAM), Montreal, Canadá.
José Alejandro Marimán Quemenado, historiador y Dr. en Ciencias Políticas.
Marcela Cubillos Poblete, académica de la Universidad de La Serena.
Cristina Moyano, académica de la Universidad de Santiago de Chile.
Rolando Álvarez Vallejo, académico de la Universidad de Santiago de Chile.
Jaime Massardo, académico de la Universidad de Valparaíso.
Alberto Díaz Araya, académico de la Universidad de Tarapacá, Arica.
Ángela Vergara Marshall, académica California State University. Los Angeles, Estados Unidos.
Consuelo Figueroa Garavagno, académica de la Universidad Diego Portales.
Manuel Loyola, Director de Ariadna Ediciones.
Carlos Molina Bustos, académico de la Universidad Viña del Mar.
Rodrigo Ruz Sagal, académico de la Universidad de Tarapacá, Arica.
Margarita Iglesias Saldaña, Directora de Relaciones Internacionales de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
Ivette Lozoya López, académica de la Universidad de Santiago de Chile.
Claudia F. Rojas Mira, Dra © en Estudios Americanos especialidad Historia, IDEA, Universidad de Santiago de Chile.
Juan Rodrigo Ortiz Retamal, historiador Evangélico.
Francis Goicovich, académico de la Universidad de Chile.
Luis Castro Castro, académico de la Universidad de Valparaíso.
Horacio Gutiérrez, académico de la Universidad de Sao Paulo, Brasil.
María Eugenia Albornoz Vásquez, Dra. © de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris.
Enrique Fernández Darraz, académico de la Universidad de Tarapacá, Santiago.
Robinson Silva Paredes, académico de la Universidad Austral de Chile.
Fernando Venegas Espinoza, académico de la Universidad de Concepción.
Carlos Mondaca Rojas, académico de la Universidad de Tarapacá, Arica.
César Cerda Albarracín, académico de la Universidad Tecnológica Metropolitana.
Daniel Palma Alvarado, académico de la Universidad Alberto Hurtado.
Pedro Bravo Elizondo, académico de Wichita State University, Wichita, Kansas, Estados Unidos.
Maro Valdés Vera, académico de la Universidad de Concepción.
Francisca Giner Mellado, académica de la Universidad de las Américas.
Jorge Iturriaga, Dr. en Historia Pontificia Universidad Católica.
Alfredo Lastra Norambuena, Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Polonia.
Luis Corvalán Márquez, académico de la Universidad de Valparaíso.
Luis Cruz Salas, investigador independiente.
Viviana Gallardo Porras, académica de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Mathias Ordenes Delgado, académico de la Universidad Catolica de Temuco.
Carlos Gabriel Alfaro Hidalgo, académico de la Universidad Católica del Norte.
Jorge Rivas Medina, académico de las Universidades ARCIS y UCINF.